El gran desconocido (fragmento)Antonio Royo Marín

El gran desconocido (fragmento)

"Se comprenden sin esfuerzo que los dones intelectuales tengan por prototipo la inteligencia, la ciencia, la sabiduría y el consejo de Dios. El don de piedad es como una imitación de la glorificación que Dios halla en sí mismo, en su Verbo. Y el don de fortaleza, como un reflejo de la omnipotencia y la inmutabilidad divinas. Pero ¿cómo descubrir en Dios un modelo del don de temor?
Sí que lo hay: su alejamiento de todo mal, es decir, su santidad infinita, que comunica a los hombres y a los ángeles, que «tiemblan» ante Él; algo de su pureza divina, inaccesible al más mínimo mancillamiento y dotada de un poder soberanamente eficaz contra todas las formas del mal. El Espíritu de Dios es un Espíritu de temor, lo mismo que lo es de amor, de inteligencia, de ciencia, de sabiduría, de consejo, de fortaleza y de piedad. En su acción personal en lo más íntimo del alma, el Espíritu del Padre y del Hijo transmite algo de la infinita detestación del pecado que existe en Dios mismo, y de su voluntad de oponerse al «mal de culpa», y de su ordenación del «mal de pena» por su vengadora justicia para su mayor gloria y para restituir el orden en el universo.
Un sentimiento análogo es participado, en el fondo de las almas, bajo la influencia directa del Espíritu de temor: ante todo, una detestación enérgica del pecado, dictada por la caridad; además, un sentimiento de reverencia para con la infinita grandeza de aquel cuya soberana bondad merece ser el fin supremo de cada uno de nuestros actos, sin la menor desviación egoísta hacia el pecado.
El modo deiforme del Espíritu de temor se mide por la santidad de Dios. "



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