La vida de los elfos (fragmento)Muriel Barbery

La vida de los elfos (fragmento)

"A los diez años, Pietro se peleaba por las calles como un golfo de los suburbios. Era alto y fuerte, y poseía un sentido del ritmo fruto de las exacerbaciones de la sensibilidad. Pero se volvió tan invencible como maldito y Alba se marchitaba con una tristeza que ni la hija que había tenido después podía consolar. Al cabo de diez años, Pietro ya había aprendido en la calle todas las técnicas de combate. A los veinte años no sabía si era un hombre peligroso o un animal furioso. Se pegaba de noche mientras recitaba versos, leía ferozmente, luchaba lúgubremente, regresaba de vez en cuando a la villa del patio tratando de no cruzarse con su padre y allí observaba las lágrimas de su madre y la elegancia creciente de su hermana. No decía nada pero tomaba la mano de Alba hasta que a ésta se le agotaban los sollozos, y luego volvía a marcharse en el mismo silencio sombrío en el que se había encerrado toda su vida. Transcurrieron diez años más de desesperanza tan evanescentes como la voz que oía a veces en su interior; entretanto, su madre envejecía y Leonora maduraba. Ésta lo miraba sin hablar y le sonreía de una manera que decía: «Te espero». Pero cuando Pietro quería sonreírle a su vez, se quedaba paralizado por el dolor. Entonces ella le estrechaba el brazo y se alejaba trazando los círculos que ya envolvían sus movimientos, pero en el momento de abandonar la sala le lanzaba una última mirada que también significaba: «Te espero». Y aquella constancia lo sostenía y lo crucificaba a partes iguales.
Entonces, una mañana se despertó con la conciencia de que las líneas del tiempo se habían desfigurado. Acudió a la villa en el momento en que salía un sacerdote que le anunció que su padre se estaba muriendo y que lo habían buscado durante toda la noche. Fue al aposento de Roberto, donde lo esperaban Alba y Leonora, que se retiraron dejándolo solo frente al destino.
Tenía treinta años.
Se aproximó a la cama donde agonizaba aquel a quien no veía desde hacía diez años. Habían echado las colgaduras y, cegado, Pietro buscó con los ojos alguna forma humana, pero recibió en el estómago una mirada de rapaz que brillaba como una gema en las penumbras del final. "



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