Gitano en Ámbar (fragmento)Martin Cruz Smith

Gitano en Ámbar (fragmento)

"Isadore se bajó, sintiéndose absuelto, y se dirigió al Eldorado. Encontraría un abanico de posibilidades en cuanto el zoólogo llegase. El optimismo se reflejaba en su expresión.
Pero comenzó a refunfuñar al acercarse y ver algo sospechoso. Corrió hacia el coche y, cuando estuvo ante el retorcido parachoques, se detuvo dándose mentalmente golpes en el pecho. Ya no era precisa la visita del zoólogo, pues la carrocería estaba, por alguna extraña razón, tan limpia como el furgón.
La respuesta de uno de los ordenanzas a la pregunta de Isadore fue:
—Los de la Central de Investigación dijeron que laváramos todo con una manguera. El lugar, con tanta porquería, se estaba convirtiendo en un peligro para la salud.
Tenía sentido. El Departamento de Inspección Policial usaba el local mucho más que la Central de Investigación. Isadore y el ordenanza levantaron el capó, y él miró enseguida al radiador y a su panal abollado. Los insectos que iban a servir de prueba habían desaparecido; la manguera se había encargado de dejarlo tan limpio como el resto.
El interior del coche estaba todavía sucio, pero había sido examinado detalladamente. El contenido, de la ceniza al polvo, estaba metido en cajas de cartón selladas. La puerta permanecía abierta, con un aspecto de ala rota. La tapicería apenas existía. El laboratorio había tomado muestras de las manchas, que, eran muchas y cubrían casi todo el interior del coche de Nanoosh Pulneshti. Los ceniceros habían desaparecido y también las alfombras. El salpicadero mostraba las marcas de arañazos inescrutables. Poco quedaba del parabrisas, a través del cual Nanoosh salió despedido al exterior. No le habían dejado nada para él.
Casi nada, admitió Isadore. Había sólo un poco de tierra bajo el pedal del freno y, como nota patética, un grupo de hongos se había instalado allí. Le recordó de un modo superfluo la humedad de aquellos últimos días. Sobre la desolación de la muerte, la vida persistía. Isadore no era un hombre insensible.
No parecía necesario examinar el puesto del conductor. La puerta no se había abierto desde el accidente. Se inclinó sobre el piso del vehículo para obtener una mejor perspectiva de los hongos: era una franja de setas minúsculas, con sus tallos y sombreretes puntiagudos, de una clase nueva para él, que solía llevar a su hijo a buscar setas en los Catskills durante el otoño. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com