La vida elíptica (fragmento)Marian Izaguirre

La vida elíptica (fragmento)

"Estaban frente a frente, parados junto a un muro cubierto de hiedra. La luz de una farola jugaba con sus sombras en el suelo. Él extendió las dos manos, retiró el pelo de la cara de Marta y acercó su boca. No tuvieron que buscar ningún camino, ninguna actitud de acoplamiento. Ella encajaba con naturalidad física en aquel cuerpo alto y delgado. Fue un abrazo largo y concentrado, una corriente de energía que empezaba en uno y terminaba en el otro sin rebasar los límites de su masa corporal. Marta se fijó en la sombra que proyectaban: un único cuerpo, hecho de superficies planas, sólido y encadenado. A esa distancia, los ojos de Javier Azcárate eran grandes, con las pestañas largas y oscuras. No pudo apreciar su verdadero color, pero creyó ver que se instalaba en ellos una sonrisa.
Cuando entraron en el dormitorio, Marta sintió un pequeño pálpito. No era exactamente miedo, sino algo parecido y diferente a la vez. Los brazos de Javier Azcárate la rodearon de nuevo. Se encontró a gusto cobijada en ese gesto.
Cierto olor corporal, cálido y húmedo, salía de las sábanas. Resultaba tentadoramente desconocido y lo asoció sin dudar al cuerpo del hombre. Le supuso durmiendo en esas mismas sábanas la noche anterior, debatiéndose entre extrañas combinaciones de gozo y sufrimiento, agitado desde la lejanía en la que siempre sumen los sueños.
Como si adivinara sus pensamientos, Javier abrió la ventana y regresó a su lado sonriendo. Ella estaba desnuda, sentada cerca de la almohada, con las rodillas entre los brazos y el pelo negro rozándole los hombros. Tenía una posición expectante, sabiendo que ahora comenzaba todo, pero sin ser capaz de ninguna iniciativa. Agradeció que él se arrodillara a su lado y la mirara fijamente, sin tocarla, hasta que comenzó a deslizar un dedo por la superficie lisa de una de sus piernas y la piel se le encrespó con muchos pequeños montículos. "



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