Canto por un gitano (fragmento)Martin Cruz Smith

Canto por un gitano (fragmento)

"Reggel tomó la rampa de acceso al East River Drive y no replicó. El cristal de la ventanilla estaba bajado un par de centímetros, y el viento agitaba su cabello largo, más al estilo húngaro, según los cánones de la moda. La carne que la edad había acumulado en su cara no había mitigado prominencia a sus pómulos marcados. Si Vera había minado su seguridad en sí mismo, no se notaba. Reggel parecía conducir bordeando el Danubio.
—No me subestimes —respondió al cabo de un rato.
El puente de Manhattan quedó atrás, a la derecha, y el puente de Williamsburg apareció tres kilómetros más adelante. Los coches que circulaban a ambos lados del Chrysler fueron tomando la salida para abandonar la autopista. Reggel pisó el acelerador para continuar por la misma ruta, casi vacía. Otro coche, un descapotable, hizo lo mismo.
El descapotable desapareció del espejo retrovisor de Reggel, reapareció en el lateral y comenzó a adelantarle. Apartó un poco el Chrysler hacia un lado para proporcionarle más espacio en el adelantamiento. La salida a la calle Veintitrés quedaba cerca y, allí, la autopista giraba a la derecha en dirección al túnel que conducía al centro de la ciudad. Reggel echó un vistazo al descapotable cuando lo estaba adelantando. Iban dos hombres dentro; el que ocupaba el asiento del copiloto le miró con insistencia. El descapotable avanzó, y su puerta delantera quedó a la altura del parachoques del Chrysler. Reggel esperó, pero el otro se pegó todavía más a él sin sobrepasarle. Reggel echó mano de la pistola.
—¡Agachaos! —les gritó a Roman y Dany.
El hombre, que no había dejado de mirarle, se giró hasta quedarse frente a Reggel, sujetando con las manos algo que parecía una almohada roja de plástico. Le gritó algo al conductor, y lanzó el objeto, que no flotó en el viento, como haría una almohada, sino que rasgó poderosamente el aire, hinchada y roja, para estrellarse directamente contra el parabrisas del Chrysler. Una explosión de rayos de pintura rojos que cubrió, no sólo el parabrisas, sino también los Cristales de las puertas laterales que el viento se encargó de extender hasta cubrir todas las superficies transparentes del vehículo.
El Chrysler circulaba por el carril central cuando se produjo el impacto. Pasaron dos segundos hasta que Reggel encontró la manilla, bajó el cristal, y asomó la cabeza fuera. Pero ya era demasiado tarde para vencer el ímpetu del coche.
El parachoques golpeó la defensa metálica que separaba el tráfico en dirección norte y sur. La parte trasera del coche giró abriéndose y lo lanzó contra la barandilla en ángulo inclinado. Saltaron chispas en torno al rostro de Reggel mientras luchaba por forzar el volante hacia la derecha con una mano. El pesado coche trepidó casi a punto de volcar. Justo cuando la autopista volvía a entrar en un tramo recto, el volante se le escapó a Reggel de las manos. El coche golpeó la barrera de costado y las chispas lo envolvieron. De nuevo recuperó el control sobre el vehículo y logró apartarlo de la barrera. Desde su ventana sólo podía distinguir su carril y el tráfico en dirección sur. "



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