La luna nueva (fragmento)Rabindranath Tagore

La luna nueva (fragmento)

"¡Ah, cómo me gustaría ir allá, a la otra orilla del río, donde hay la fila de barcas amarradas a las estacas de bambú! Allí los campesinos cruzan el río en sus barcas, y van a trabajar en lejanos campos con el pequeño arado al hombro.
Allí los pastores hacen pasar a nado a sus rebaños mugientes, para conducirlos a los pastos ribereños.
Desde allí vuelven al anochecer a sus casas, y la pequeña isla cubierta de hierbajos queda en poder de los chacales aulladores.
Si te parece bien, madre, cuando sea mayor quisiera ser el barquero.
Dicen que tras las alturas de la orilla hay maravillosas lagunas.
En ellas, las bandadas de patos silvestres se reúnen después de la estación de las lluvias, crecen apretadamente los juncos y los pájaros acuáticos depositan sus huevos.
Allí, las alzacolas dejan la huella de sus patitas en el barro suave y limpio.
Allí, las hierbas altas invitan a los rayos de luna a que se dejen mecer en la ondulante almohada de sus flores blancas...
Si te parece bien, madre, cuando sea mayor quisiera ser el barquero.
Pasaré sin cesar de una a otra orilla, y los muchachos y las muchachas de la aldea, cuando se bañen, me mirarán pasar maravillados.
Cuando el sol corone el cielo, cuando tras la mañana llegue el mediodía, correré hacia ti gritando: ‘¡Madre, tengo hambre!’ Cuando el día desfallezca y las sombras se oculten bajo los árboles, volveré a casa con el crepúsculo.
Nunca te abandonaré para ir a trabajar a la ciudad como mi padre.
Si te parece bien, madre, cuando sea mayor quisiera ser el barquero.
Cuando el cielo tempestuoso ruge sordamente y caen los chubascos de junio, el húmedo viento del este camina a través de los brezales para tocar la cornamusa entre los bambúes.
Entonces, innumerables flores se abren de súbito; nadie sabe de dónde han salido, y se las ve bailar locamente sobre la hierba.
Madre, estoy seguro de que las flores tienen una escuela bajo tierra.
Cuando hacen sus deberes las puertas se cierran, y si antes de que sea la hora quieren salir para jugar, el maestro las manda castigadas al rincón.
Tienen vacaciones cuando llega la época de las lluvias.
Las ramas entrechocan en el bosque y las hojas se estremecen con el viento furioso, las gigantescas nubes dan unas palmadas y las niñas-flores salen corriendo, con sus vestidos rosados, amarillos y blancos.
¿Sabes, madre? Las flores viven en el cielo, como las estrellas. ¿No te has fijado qué deseos tienen de llegar allá arriba? ¿Y sabes el por qué de tanta impaciencia? Yo sí, yo adivino hacia quién tienden sus brazos: las flores tienen, como yo, una madre. "



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