Las muertas (fragmento)Jorge Ibargüengoitia

Las muertas (fragmento)

"Estaba montado en la barda, cuando vio a dos mujeres agachadas, que se le habían adelantado.
Un empleado de la Compañía de Luz y Fuerza dice que cada vez que pasaba por la calle Independencia en la nochecita, le extrañaba ver una luz en las ventanas del comedor —las únicas que dan a la calle—, por haber él mismo estado encargado de cortar la luz de aquella casa el día que las autoridades la clausuraron.
El propietario del molino de nixtamal que está en la esquina dice que la mujer llamada la Calavera acostumbraba ir al negocio que es de su propiedad todos los días y que hacía que le molieran seis kilos de nixtamal y a veces siete.
Una mujer que vive en una casa de enfrente dice que a veces en las mañanas, cuando estaba barriendo la acera, veía salir de la casa de la señora Benavides a tres mujeres * con canastas que se iban caminando para el lado del mercado. Sabía que ninguna de las tres era la señora Benavides a quien conoce muy bien.
La misma testigo dice que le extrañaba que un militar visitara con frecuencia a la señora Benavides por ser ésta una señora recatada, socia de la Vela Perpetua.
Pedro Talavera, comerciante, dice que en una ocasión encontró en la bodega de los hermanos Barajas al individuo llamado Ticho, quien en una época había trabajado de coime en el Casino del Danzón. Dice que le preguntó: "Y ahora a qué se dedica, compadre", que el otro le contestó, "tengo unas gallinitas", dicho lo cual cargó un costal de ochenta kilos y se fue. Antes de llegar a la puerta de la bodega, del costal se cayeron varios frijoles —que no es comida de gallinas.
Un agente viajero dice que encontró en la terminal de camiones a tres mujeres que había conocido en el México Lindo y sabía que eran prostitutas. Les preguntó dónde estaban trabajando, con intenciones de visitarlas, y que ellas le contestaron que ya habían dejado la vida y que trabajaban de obreras, pero no supieron decirle en qué fábrica, lo cual le extrañó.
(Siguen más testimonios, de los que se desprende que hasta septiembre las empleadas de las Baladro salían a la calle, rara vez, en grupos de dos o tres. Ninguno de los testimonios hace mención de que funcionara la sinfonola, ni se sabe de ningún hombre que haya asistido, durante la época que nos interesa, al Casino del Danzón en calidad de cliente.) "



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