De cómo los turcos descubrieron América (fragmento)Jorge Amado

De cómo los turcos descubrieron América (fragmento)

"Seductor, con las mujeres derrochaba galanteo y fantasía. Acostarse con Raduan Murad era prerrogativa disputada a insultos y sopapos por las muchachas. Las malas lenguas cuchicheaban nombres de mantenidas y casadas. Muchachas vírgenes miraban de lejos el cuerpo esbelto, impecable con el ambo blanco de lino, la cabellera grisácea, los dedos largos aferrando la boquilla de marfil: suspiraban. Soltero, cincuentón, más seductor que cualquier muchacho. Delante del vaso vacío, reflexionaba sobre la suerte de Ibrahim: payasada y melodrama.
Prudente, Sante, el patrón del bar, recogió el dinero de la jornada, dejando apenas unos vueltos, y salió a cenar en su casa. Adib lavaba vasos, manipulaba bebidas, arreglaba botellas, preparando el mostrador para el trajín nocturno pronto a comenzar. Momento propicio para reanudar la conversación con el candidato en potencia a la mano de Adma, al mostrador de menudencias.
Raduan Murad se sentía en la obligación de ayudar al perseguido Ibrahim en la lucha para sobreponerse a la desdicha, para vencer la mala fortuna y reconquistar el derecho a sombra y agua fresca. En consideración a la vieja amistad, al compadraje, al recuerdo de los ojos de Sálua, de la inaccesible Sálua, pero, sobre todo, para divertirse con un juego más, tan excitante cuanto el póquer: el ya mencionado juego del destino, en el cual las barajas son seres humanos y en el bluff se apuesta la propia vida.
Entrecerró los ojos; la noche venía lenta de la otra margen del río, todavía deshabitada. Maleficio y virulencia en las encrucijadas de la mercería. Para enfrentar la crisis, las armas de Raduan eran la sabiduría y la astucia. Elevando la voz, le pidió a Adib una nueva dosis de araque, dio inicio al interrogatorio y a la negociación. "



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