Los crisantemos (fragmento)John Steinbeck

Los crisantemos (fragmento)

"Henry desvío la vista hacia el cobertizo del tractor y cuando volvió a posar los ojos en ella, volvían a ser los suyos.
—Sacaré el coche. Puedes ponerte el abrigo mientras arranco.
Elisa entró en la casa. Oyó a su marido llegar con el coche hasta la entrada y dejar el motor encendido, y se tomó un buen rato para ponerse el sombrero. Lo estiró por un lado y lo apretó por otro. Cuando Henry apagó el motor, ella se puso el abrigo y salió.
El pequeño coche descubierto enfiló la carretera de tierra de la orilla del río, espantando a los pájaros y haciendo esconderse a los conejos entre los matorrales. Pasaron aleteando pesadamente dos cigüeñas sobre la hilera de sauces y se posaron en el lecho del río.
Elisa vio una mancha oscura a lo lejos, en la carretera. Supo lo que era.
Procuró no mirar cuando pasaron, pero sus ojos no la obedecieron. Susurró para sí con tristeza: «Podría haberlos tirado fuera de la carretera. No le habría costado mucho hacerlo, desde luego. Pero se quedó la maceta —alegó—. Tenía que quedarse la maceta. Por eso no podía tirarlos fuera de la carretera».
El coche tomó una curva y Elisa vio el carromato delante. Se volvió completamente hacia su marido para no ver el pequeño carro cubierto y el tiro dispar cuando el coche los adelantara. "



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