Hernani (fragmento)Victor Hugo

Hernani (fragmento)

"HERNANI. He blasfemado de ti. En tu lugar yo, doña Sol, me hubiera cansado ya de este loco furioso, que no sabe acariciar hasta después de haber ofendido, y le hubiera hecho huir de mi lado. Recházame, que aunque me rechaces te bendeciré, porque has sido siempre tierna y bondadosa conmigo, porque me has soportado mucho tiempo, porque soy perverso, porque he oscurecido tus días con mis noches. Tu alma es bella, noble y pura, y no es culpable de que yo sea perverso. Enlázate con el duque; es bueno y poderoso; se dichosa con él. Se esposa del anciano; él te merece más. ¿Cómo casar tu pura frente con mi cabeza proscripta? ¿Quién, viéndonos unidos, a ti tranquila y bella, a mí violento y fiero, a ti apacible y limpia como blanca azucena, a mí sombrío y azotado por tantas tempestades, quién dirá que nuestra suerte sigue la misma ley? Dios, que es la suprema sabiduría, no te creó para mí. No tengo derecho alguno para poseerte; poseer tu corazón sería un robo; yo se lo restituyo al que es más digno y debe poseerlo. Todo se acabó para mí; llego a estar avergonzado de no haber sabido vengarme ni ser feliz. Nací para el odio y sólo he sabido amar. Perdóname, huye de mí, te lo ruego.
SOL. Ingrato.
HERNANI. ¡Acarreo la desgracia a todo lo que me rodea! Montañas de Aragón, de Galicia y de Extremadura, os arrebaté vuestros mejores hijos, y sin remordimiento les hice pelear por defender mis derechos y los llevé a la tumba. Por mí murieron los hombres más bravos de la valiente España. ¡Esto es lo que yo proporciono a todo el que se me liga! No debes envidiar mi destino cruel; enlázate con el duque, con ese rey diabólico, con el infierno; todo eso será para ti mejor que yo. No me queda ni un amigo que me recuerde, todo me abandona; es preciso ya que te llegue este turno, porque yo debo vivir solo. Huye de mi contagio. Que no sea para ti el amor una religión; ten compasión de ti misma y huye de mí. Quizá me crees un hombre como los demás, un ser inteligente que va recto a conseguir el objeto de sus sueños; pues no, no lo soy. Soy una fuerza que impulsan, soy el agente ciego y sordo de los misterios fúnebres, soy el alma de la desgracia impregnada de tinieblas. ¿Dónde voy? No lo sé. Sólo sé que me impulsa con soplo impetuoso un destino insensato; sólo sé que desciendo más cada vez, sin detenerme nunca. Si algunas veces, jadeante, me atrevo a volver la cabeza, oigo una voz que me grita: ¡Adelante!, y el abismo es profundo, y veo su fondo rojo, o de llama o de sangre, y entretanto, a una y a otra parte de mi vertiginosa carrera, todo se destroza, todo se muere. ¡Ay del que me toca! ¡Huye de mí! Apártate de mi fatal camino. "



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