Los enanos (fragmento)Concha Alós

Los enanos (fragmento)

"El señor Alfredo decide que esta mañana ha de ver el mar. Primero buscará un café de esos baratos y tomará algo caliente; luego irá hasta el puerto, bajará los escalones llenos de salitre y tocará el agua… Las gaviotas lo mirarán con sus ojos redondos y se alejarán chillando, y un barco gris y grande anclará pesadamente con gran ruido de cadenas.
Los bares están atestados. Hay marinos americanos, largos como lombrices, que comen pescado frito y beben coñac. Mujeres pintadas los acompañan, se cuelgan de su brazo y ríen, dando pequeños saltitos.
Él, en otro tiempo… Cleo era algo así como una montaña inaccesible. El señor Alfredo iba cada noche a mirarla. Salía con otras dos: velos de tul y carne color de rosa. «Las tres gracias». A veces, los borrachos bramaban al verlas. Un día, unos quisieron subir al escenario, pero se los llevaron los guardias.
En el «Jolis», donde actuaban «Las tres gracias», el escenario brotaba del suelo como de milagro. Cuando uno entraba todo era llano, tocaban las orquestas y la gente bailaba. Pero, inesperadamente, la luz cambiaba; se hacía suave, verdosa, azulada, malva… y, entonces, surgía el escenario, hacia arriba, como un gran tambor.
Por fin encontró un bar que no estaba muy lleno y en el cual había sillas para sentarse. No le seducía la idea de beber un café con leche de pie, ante una barra. Se sentó a un lado, en un ángulo penumbroso. En el mármol blanco de la mesa había, escritas a lápiz, unas palabras que no pudo descifrar. "



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