Tratado sobre el Espíritu Santo (fragmento) Dídimo el ciego

Tratado sobre el Espíritu Santo (fragmento)

"El apelativo Espíritu Santo y la realidad que se manifiesta a partir del mismo término son completamente ignorados por los que filosofan al margen de la sagrada  Escritura. Sólo en nuestros libros, tanto en el Nuevo como en el Antiguo Testamento, se exponen su noción y su nombre... En efecto, como el que conoce bien una materia y la posee completamente, puede tener sobre ella un discurso erudito y profundo, así aquellos que han recibido de modo pleno al Espíritu Santo, hasta el punto de estar colmados de él, anuncian con confianza la palabra de Dios, pues el Espíritu Santo, presente en ellos, les comunica un lenguaje digno de Dios.
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Es imposible, por tanto, que uno obtenga la gracia de Dios, si no tiene al Espíritu Santo, en el que reconocemos que consisten todos los dones de Dios. Y que quien lo tenga ha conseguido también de manera perfecta el lenguaje de la sabiduría y los demás bienes, lo demuestra claramente el presente raciocinio, y poco antes hemos dicho que el Espíritu Santo es la sustancia de los bienes de Dios, cuando hemos aducido como ejemplo: ´El Padre dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan, y: El Padre dará cosas buenas a quienes se las pidan´ ... En efecto, nadie recibe nunca las bendiciones espirituales de Dios, si no le ha precedido el Espíritu Santo. Ahora bien, el que haya recibido el Espíritu Santo obtendrá consiguientemente sus bendiciones, a saber, la sabiduría, la inteligencia, etc., de las cuales escribe así el apóstol: ´Por esto, también nosotros desde el día en que hemos sabido esto no cesamos de orar por vosotros y de pedir que os llenéis del conocimiento de su voluntad, con toda sabiduría e inteligencia espiritual, comportándoos de manera digna de Dios.
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Así pues, Dios, dador de los bienes, concede, por la potencia del Espíritu Santo, la esperanza que ha prometido a aquellos que lo poseen; colma de gozo y de paz a los que habiendo alcanzado el estado de imperturbabilidad y de quietud, conservan el ánimo gozoso y tranquilo frente a toda turbación de las pasiones. Además aquellos que por la potencia del Espíritu Santo hayan conseguido tales bienes, obtendrán también la recta fe en el misterio de la Trinidad... La efusión del Espíritu es, por tanto, la causa de profetizar y de conocer el sentido y la belleza de la verdad... El término ´efusión´, por tanto, significa amplia y rica abundancia de un don. "



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