La Bolsa (fragmento)Julián Martel

La Bolsa (fragmento)

"Y el italiano, acariciando el medallón salpicado de chispitas de brillantes que pendía sobre su pantalón de baile, miraba alternativamente, con sus ojitos de víbora, a Margarita y a Mackser, su terrible y cobarde antagonista.
También estaba allí Miguelín, tratando de pescar, en la conversación de aquellas dos potencias, cuya sorda rivalidad no conocía, alguna noticia que le permitiera realizar sin peligro una de sus pequeñas jugadas. Se había propuesto seguirlos toda la noche, y hacérselos presentar por Glow si resultaba inútil su espionaje. Las damas no le llamaban la atención, porque era de esa clase de calaveras a quienes las mujeres, en fuerza de abusar de ellas, llegan a serles indiferentes, aunque no faltaba quien asegurase que la indiferencia de Miguelín databa desde cierto desaire que la novia de Ernesto Lillo le hiciera en presencia de su rival afortunado.
Cerca del que formaban Margarita y sus aduladores, discutía un grupo de jóvenes imberbes. Con sus trajes de etiqueta parecían mequetrefes sacados de la escuela para tomar parte en uno de esos bailes de fantasía en que las sociedades de beneficencia exhiben a la chiquillería, iniciándola prematuramente en la farsa poco edificante de los salones. Pero llevaban el frac con tal desenvoltura y algunos tenían un modo de decir las cosas, que era como para creer, al verlos, en una mistificación endiablada. Según podía deducirse de lo que hablaban, todos, o casi todos, eran bolsistas, y parecían estar muy al corriente de cuanto teje y maneje hay en la Bolsa. Seguramente no tenía más de quince años el que daba consejos a los demás sobre lo que convenía hacer en caso de que el oro subiese o bajase, y cuáles eran los medios eficaces para salvar las situaciones apuradas. Otro, mayor que él, decía que estaba seriamente comprometido por haberse encaprichado en comprar unos títulos a plazo. "



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