Nuestro amigo Galletti (fragmento)Aldo Palazzeschi

Nuestro amigo Galletti (fragmento)

"El expreso de Roma-Milán, que distaba de estar lleno, se detuvo en la estación de Florencia, de modo que los escasos pasajeros que lo abordamos pudimos elegir tranquilamente el asiento que nos resultara más confortable en aquellos pasillos prácticamente aislados y quedarnos con el que más nos gustara. Un hombre que llevaba una pequeña maleta contempló brevemente al pasajero que se sentaba solo en una esquina del compartimento. Cuando volvió de nuevo dirigió una mirada más insistente al solitario ocupante. Al recibir una mirada tranquilizadora, se decidió a entrar con absoluta confianza, dejó sus pertenencias en el portaequipajes que se hallaba sobre su asiento y se dispuso a sentarse directamente en frente de él, mirándole directamente a la cara. El otro pasajero optó por devolverle la mirada fija con creciente curiosidad.
Aunque no nos conociéramos, entre todos aquellos seres humanos se daban una serie de misteriosas interconexiones muy interesantes para los poetas pero de escaso interés para los científicos, los cuales, eran capaces de aproximar dos continentes no muy distantes y quizás incluso crear una especie de máquina que pudiera destruir a ambos en un santiamén, sin embargo eran absolutamente incapaces de esgrimir cómo y por qué dos personas se atraen mutuamente o de explicar la naturaleza intrínseca de las fuerzas que impelen su encuentro, uniéndolas en un momento dado. De modo que estamos plenamente informados (debido a las numerosas e inestimables conquistas de la comunidad científica) de todo lo relacionado con el astro solar, la luna, las estrellas, las moléculas, los átomos, protones, neutrones y electrones -cosas que en su momento despertaron nuestro más apasionado interés, únicamente para arreglárnoslas por nosotros mismos- pero tan poco familiarizados con el átomo llamado hombre que esencialmente permanecemos ignorantes no sólo acerca de nuestros semejantes, sino, en realidad, también acerca de nosotros mismos. Y lo poco que sabemos acerca de él está en su mayor parte distorsionado. De modo que si, en ocasiones, el hombre, accidentalmente, descubre algo acerca de su propio misterio, o a causa de algún tipo de revelación como si, por ejemplo, se rasgara parte de su atuendo y llegara a sentir un verdadero temor y la necesidad imperiosa de repararlo, invocando todo tipo de artimañas en orden a parecer ser alguien diferente, falsificando su propia identidad de forma efectiva, e incluso felicitándose a sí mismo de corazón por la decisión que ha adoptado.
Y pensar que se cree que los científicos son los únicos capaces de iluminarlo y darle confort, ofreciéndole misteriosas curas, ya que todos escuchan confiadamente sus fantasiosas ínfulas, mientras que los descubrimientos de los rapsodas hacen mella y son concebidos como ensoñaciones e imaginería propios de los cuentos de hadas. Y si le pidieras a los científicos una explicación del fenómeno, seguramente responderían sin concederle importancia alguna al hecho, ya que esas misteriosas conexiones obedecen simplemente al azar. Y en realidad yo me inclinaría a pensar que ciertos dispositivos creados por ellos mismos no son en modo alguno resultado de la casualidad y podrían precipitarse sobre nuestras cabezas en cualquier momento. "



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