El canto del cisne (fragmento)Robert R. McCammon

El canto del cisne (fragmento)

"Golpeó a uno de los animales con la bolsa, lanzándolo a dos metros de distancia, so­bre el pavimento. El segundo mordió en la pierna de Artie y empezó a tirar de él.
De pronto, Mona Ramsey lanzó un grito y se apartó del grupo, echando a correr en la dirección por donde habían venido, y pasando junto a Steve. Éste trató de sujetarla, pero no lo consiguió. Kevin salió corriendo tras ella, la rodeó por la cintura y la levantó en vilo, al tiempo que un lobo saltaba desde debajo de un coche tumbado y le atrapaba el pie izquierdo. Kevin y la bestia tironearon de Mona, en un mortal forcejeo, mientras la mujer gritaba y se retorcía y más lobos surgían de entre los bosques. Steve intentó dis­parar, pero tenía miedo de herir al hombre o a la mujer. Vaciló, con un sudor frío helán­dole la cara, y aún se hallaba como en una especie de trance, cuando un enorme lobo de cuarenta kilos le alcanzó en el hombro, abalanzándose sobre él como una locomotora diesel. Escuchó el sonido de su hombro al romperse. Se retorció de dolor mientras el lobo se volvía y empezaba a morderle la mano que sostenía la pistola.
Las bestias estaban ahora por todas partes, corriendo y saltando. Paul disparó, falló y tuvo que encogerse ante una forma oscura que llegó volando contra su cabeza. Herma­na alcanzó con la bolsa al lobo que había mordido la pierna de Artie, le aplastó el crá­neo y lo apartó. Kevin Ramsey había perdido en el forcejeo; el lobo le arrebató a Mona del brazo que la sujetaba, y fue atacado por otro que ansiaba el mismo premio. Ambos se enzarzaron en una lucha, mientras Mona trataba de alejarse frenéticamente, a rastras. Paul disparó y alcanzó a un lobo que estaba a punto de saltarle a Hermana por de­trás.
Luego, sintió unas garras sobre los hombros y cayó de bruces sobre el pavimento. El rifle se le cayó de las manos. Tres lobos convergieron sobre Hermana y Artie. El viejo lanzaba salvajes patadas contra el lobo que atacaba la mano y el antebrazo de Steve. Hermana vio a Paul en el suelo, con la cara ensangrentada y la bestia sobre él intentando atravesarle la chaqueta de cuero con los colmillos. Se dio cuenta de que se encontraban a menos de diez me­tros de la parte superior de la colina, y que era allí donde iban a morir todos. Tiró de Artie como si fuera un saco de ropa sucia. Los tres lobos se le acercaron len­tamente, tomándose su tiempo. Hermana se preparó, dispuesta a utilizar la bolsa y a dar patadas mientras pudiera. Por encima de los bufidos y los gritos, escuchó un profundo gruñido bajo. Miró ha­cia la parte alta de la colina. El sonido llegaba desde el otro lado. Debía de tratarse de una manada de lobos que acudían presurosos para participar en el festín..., o del mons­truo de todos los lobos, despertado de su descanso. "



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