Música de playa (fragmento)Pat Conroy

Música de playa (fragmento)

"Cada noche encendía una hoguera en la playa con trozos retorcidos de madera arrastrada por las olas, mientras los demás limpiaban las capturas del día. El fuego olía a sargazos y a brisa salada, la quintaesencia de la Corriente del Golfo, y aquel olor acariciaba levemente los filetes de trucha y róbalo mientras yo los salteaba en mantequilla.
Con la bajamar, nos dirigíamos con nuestros esparaveles hacia los pequeños arroyos de la parte interior de la isla. Los tres nos turnábamos para enseñarle a Jordan cómo debía arrojar la red. Capers le hizo la primera demostración: enlazó la cuerda en su muñeca izquierda, sujetó luego entre los dientes parte de la red lastrada y aferró otros dos bordes de la misma con las manos. Para hacer un lanzamiento correcto se necesitaban las dos manos, la boca y la muñeca; también hacía falta ritmo y práctica, y una buena coordinación entre la vista y la mano. Jordan poseía todos los requisitos, y al quinto lanzamiento su red floreció en un círculo perfecto ante él, tan bello y delicado como una telaraña. Con ese lanzamiento Jordan capturó su primera gamba blanca y su primer cangrejo azul. Llenamos una nevera de gambas en aquella marea baja, y les serví platos a base de gambas en las cuatro comidas siguientes. Cuando se terminaron, fuimos por cangrejos, y cogimos los suficientes para alimentarnos durante una semana. Rellené un rodaballo de dos kilos con una mezcla de gambas y cangrejos y lo asé en el horno de mi abuela, condimentado con zumo de limón y ajo, y probé con pimienta de cayena y pimentón, con salsa de soja y aceite de oliva. Así empecé a dar los primeros pasos hacia lo que se convertiría en una profesión.
Después de aquellas cenas, nos tendíamos de espaldas en la arena y gemíamos por el placer del exceso de comida. Nos sorprendió descubrir que Jordan era capaz de nombrar a casi todo el cielo nocturno por su nombre. Venus era la luminaria que abría cada noche el espectáculo en el firmamento occidental. Nosotros alzábamos la mirada hacia el cielo y hablábamos de nuestra vida, y narrábamos historias insignificantes porque ésas son las únicas historias que los muchachos norteamericanos pueden contar.
La única decepción que sufrió Jordan ese verano le sobrevino al descubrir la calidad del oleaje en su nuevo hogar. No se imaginaba que todo un océano pudiera resultar un chasco, pero el Atlántico lo frustró por completo. De pie con la tabla de surf al lado, se quedó mirando por primera vez las olas que llegaban en la bajamar con absoluta incredulidad. "



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