Relato de Otelo (fragmento)Rodolfo Hinostroza

Relato de Otelo (fragmento)

"Cierta vez, en Aleppo, sí, fue en Aleppo donde me desgracié con ese turco circunciso: le ceñí con sus propias babas, y su lengua morada escupió las plegarias, y así salvé mi vida. Esta vida que tan poco valía, y que hoy pesa en tus manos como un cofre de ébano, Signorina. Aunque yo caigo tumbado sobre un sueño de paz roto por las matracas de la guerra, nada se habrá perdido si es que no te he perdido. Aunque yo caiga sobre los amargos tablones del recuerdo, y recoja el final de la experiencia, y encuentre que sólo es un ave mojada y el término y sentido de este viaje se extravíen como arras oxidadas de algo que no ocurrió, nada se habrá perdido si he logrado hacerme amar por ti.
¡Moro! ¡Por quién has combatido! ¡Moro! ¡Para qué has combatido!, me gritaron los jinetes ociosos viéndome hablar contigo. Y en verdad, Signorina, después de este feroz ascenso de flecha malherida, he vuelto la cabeza para ver a quién servía, y no he encontrado a nadie. Pero los tuyos escupen a escondidas cuando paso, y los míos me niegan, y ese callado impulso de grandeza que me arrancó de esclavos y galeras ha cesado, y es como si de pronto, en la alta noche el rumor de la mar cesara, despertándonos, y el helado temor y la premonición trepasen la garganta como arañas.
Hacia Chipre, una vez, un insolente rubio me dijo que yo apestaba a rata. No pude sino herirlo y entonces me arrojaron del barco, y quedé solo otra vez, por mi olor, por mi piel, por esta mirada que ahuyenta a los búhos. Y quedé solo después de haber contado una penosa historia de brutalidad y miseria, de espantos y gargajos, y de una avidez de amor arriba de la piel, debajo de la piel tensa como un tatuaje, Signorina. "



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