Erec y Enide (fragmento)Chrétien de Troyes

Erec y Enide (fragmento)

"La reina le conduce enseguida a su habitación, y manda que se le lleve rápidamente un brial nuevo y el manto purpura de otro tejido de cruz pequeña que había sido hecho a su medida. Aquel a quien ha mandado ha traído el manto y el brial que estaba forrado de armiño blanco hasta las mangas; en los puños y en el cuello había, sin duda alguna, más de doscientos marcos en pan de oro, y piedras preciosas de grandes virtudes, índigas y verdes, nuiles y pardas, que estaban engastadas encima del oro por toda la túnica. Muy rico es el brial, pero, en verdad, que el manto no valía menos. Aún no les habían puesto ninguna hebilla pues eran totalmente nuevos y recientes, tanto el brial como el manto. El manto era bueno y fino: en el cuello tenía dos cebellinas con cintas que tenían más de una onza de oro, por un lado un jacinto y en el otro un rubí que brillaba más que un escarbunclo que arde. El forro era de armiño blanco, nunca se vio ni se encontró más bello ni más fino. La tela púrpura estaba muy bien trabajada, con crucecitas diferentes, índigas, bermejas y añiles, blancas y verdes, azules y amarillas. La reina ha pedido unas cintas de cinco varas de hilo dorado de seda; le han entregado las cintas, bonitas y bien trabajadas; las hace poner enseguida en el manto a un hombre que era un buen maestro en el oficio. Cuando no hubo más que hacer con el manto, la noble dama de buen origen abraza a la doncella de la saya blanca y le dice con francas palabras:
—Doncella mía, os quiero pedir que cambiéis la saya por este brial que vale más de cien marcos de plata, y que os abrochéis este manto encima; otro día os daré más.
Ella lo acepta de buen grado, coge la ropa y se lo agradece. A una habitación aparte la han llevado dos doncellas; entonces le han quitado su saya [que no valía ni una brizna de hierba, y ha rogado y encomendado que sea dada por el amor de Dios] en cuanto llegó a la habitación; luego, viste su brial y se lo ajusta y se lo ciñe con un brocado muy rico; luego se ata el manto. Ya no tiene la cara triste, pues la ropa le sienta tan bien que parece bastante más bella que antes. Las dos doncellas le han adornado el pelo por encima con un hilo de oro, pero brillaba mucho más el pelo que el hilo de oro que era muy puro. Las doncellas le colocan en la cabeza una diadema de oro trabajada con flores de muchos y diversos colores; éstas se aplican lo mejor que pueden para engalanarla, hasta que no queda nada más para disponer. Una doncella le ha puesto en el cuello dos broches de oro trabajados con un topacio engastado, de forma que estuvo tan bella y hermosa que no creo que en ninguna tierra, por mucho que se la buscara y mirara, se pudiera encontrar su pareja, tan bien la había formado la Naturaleza. Luego salió de la habitación y fue ante la reina, que la acoge de buen grado; la estimó y le agradó mucho ya que estaba tan bella y bien engalanada. Las dos se toman de la mano y van delante del rey; cuando el rey las ve, se levanta hacia ellas. "



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