La paloma y los halcones (fragmento)Antonio de Trueba

La paloma y los halcones (fragmento)

"El anciano desnudó su espada y comenzó á defenderse, poniendo á cubierto su espalda con la puerta de la torre, que había sido cerrada tan pronto como dio salida, pero se halla próximo á ceder, porque es excesivo el número de sus enemigos.
Se asomó Lope Sánchez á una ventana de la torre, y al ver el inminente peligro en que se halla el señor de Vizcaya, aquel hombre comúnmente tan implacable en sus odios y tan poco dispuesto á la generosidad, acude en su defensa, y acometiendo, arrebatado de indignación á la turba desenfrenada:
-¡Atrás, felones! grita; ¡atrás, mal nacidos, atrás! ¿Quién osa levantar la mano contra su señor? ¡Hollaréis mi cadáver antes de llegar al señor de Vizcaya!
Y el señor de Bortedo descarga tan rudos golpes con su espada, que dos aldeanos quedan muertos á sus pies, no sin haber alcanzado á López Sánchez un hachazo que le causó una herida de poca consideración.
Al fin se aleja de la torre de Barrondo el Señor de Vizcaya, acudiendo en defensa de su hijo; pero éste acaba de caer al suelo, herido por una flecha, y la turba que no ha podido sacrificar al padre, se lanza á acabar con el hijo. Su escudero Ordoño y otros dos ó tres leales servidores son ya los únicos que rodean y defienden á D. Lope Díaz: no hay espadas, no hay puertas, no hay muros que puedan salvarle de la saña de sus enemigos.
-¡A la torre de Barrondo! grita don Diego, abriéndose paso con su espada hasta donde yace su hijo desangrándose horriblemente.
Ordoño, mancebo de hercúleas fuerzas y el escudero más aficionado y leal á su señor, toma con sus brazos al herido, mientras el anciano y los otros dos servidores le protegen, haciendo frente á los agresores, hasta que llegan á la torre, cuyas puertas se abren de repente para darles paso y se vuelven á cerrar en seguida, estrellándose en ellas el furor de los aldeanos.
Tres días ha que D. Diego López de Haro y su hijo permanecen en la torre de Barrondo, desconsolado el primero por el peligro en que el segundo se halla, á causa de la herida que recibió recién llegados a Bilbao.
Revueltas de los pobladores de Haro reclaman la presencia del señor de Vizcaya en aquella villa, lo cual aumenta notablemente el conflicto de D. Diego, que no quisiera apartarse del lado de su hijo, ya que no le es posible llevar á este en su compañía, porque su herida es muy grave.
Las circunstancias que le rodeaban aconsejaban al de Haro su reconciliación con los solariegos de Bilbao, entre los cuales iba á dejar a su hijo; y como aquellos, y particularmente Lope Sánchez, se mostrasen dispuestos á la paz, quiso dejar enteramente arreglada aquella cuestión antes de salir de Bilbao. "



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