Una odisea marciana (fragmento)Stanley Weinbaum

Una odisea marciana (fragmento)

"Tweel y yo seguimos la carretera. Esta se hundía simplemente en una abertura y bajaba como una vieja contramina. De un lado a otro pasaba a toda prisa la gente-barril, saludándonos con su eterna frase.
Miré hacia el interior. En algún sitio, allá abajo, se divisaba un poco de luz y sentí curiosidad por verla. No parecía una antorcha, ya me comprendéis, sino que tenía el aspecto de una luz más civilizada y pensé que aquello podría proporcionarme una pista en cuanto al índice de desarrollo de aquellos seres. Así pues, entré y Tweel me siguió pisándome los talones, no sin antes proferir unos cuantos cloqueos y graznidos.
La luz era curiosa. Chisporroteaba y resplandecía como un viejo arco voltaico, pero procedía de una sola varilla negra empotrada en la pared del corredor. Era eléctrica, sin duda alguna. Por lo visto, las criaturas estaban bastante civilizadas.
Luego vi otra luz que lucía sobre algo resplandeciente y me acerqué a mirar, pero se trataba sólo de un montón de arena brillante. Me volví hacia la entrada para marcharme y creí que me la había tapado el diablo.
Supuse que el corredor era curvo o que me había metido por un pasillo lateral. Desandé el camino en la dirección que intuí correcta y todo lo que encontré fueron más corredores sumidos en la penumbra. ¡Aquello era un laberinto! No había más que retorcidos pasillos que corrían en todas direcciones, alumbrados por alguna que otra luz. De vez en cuando pasaba una criatura corriendo, a veces con una carretilla, a veces sin ella.
Al principio no me preocupé mucho, Tweel y yo sólo habíamos avanzado unos cuantos metros desde la entrada. Pero cada paso que dábamos parecía internarnos más y más en las profundidades. Finalmente decidí seguir a una de las criaturas que llevaba una carretilla vacía, pensando que ella tendría que salir en busca de sus materiales, pero la verdad era que corría sin rumbo de un pasillo a otro. Cuando empezó a dar vueltas alrededor de una de las pilastras como un danzarín japonés, me di por vencido, deposité mi tanque de agua en el suelo y me senté.
Tweel estaba tan desconcertado como yo. Apunté hacia arriba y él dijo «No, no, no» en una especie de desvalido trino. Y no podíamos conseguir ninguna ayuda de los nativos; no nos prestaban atención en absoluto, excepto para asegurarnos que éramos amigos, ay.
¡Cielos! No sé cuántas horas o cuántos días vagamos por allí. Me quedé dormido dos veces de puro agotamiento. En cuanto a Tweel, nunca parecía sentir esta necesidad. Tratamos de avanzar únicamente por los corredores que ascendían, pero la verdad es que tan pronto subían como se hundían en las profundidades. La temperatura en aquel maldito hormiguero era constante; no se podía distinguir el día de la noche y después de mi primer sueño no supe si había dormido una hora o trece, por lo cual no podía decir por mi reloj si era medianoche o mediodía.
Vimos muchísimas cosas extrañas. Había máquinas que funcionaban en algunos de los corredores, pero no parecía que estuviesen haciendo nada, simplemente ruedas que giraban. Y en varias ocasiones vi a dos bestias-barriles con un pequeño creciendo entre ambas. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com