El improvisador (fragmento)Hans Christian Andersen

El improvisador (fragmento)

"La luz del día era ya lo bastante fuerte como para poder ver lo que incluía el sobre; había un pasaporte extendido a mi nombre por la policía de Roma, y el visado del embajador de Nápoles, y una letra de cambio por valor de 500 scudi para la Casa Falconet, en Nápoles. Un sobre más pequeño incluía sólo las palabras: «La vida de Bernardo no corre peligro, pero no vuelvas a Roma hasta pasados unos meses».
Fulvia tenía razón: allí estaban mis alas y mi varita mágica. ¡Era libre! Un suspiro de agradecimiento brotó de mi corazón. Al poco, llegamos a un camino mejor preparado; había algunos pastores comiendo su almuerzo. Mi guía se detuvo, los otros parecían conocerlo; hizo una señal con los dedos y nos invitaron a participar de su comida, consistente en pan y queso de búfala, que acompañaban con leche de burra; di unos bocados y me sentí más fuerte. Mi guía me señaló entonces un sendero y los otros me explicaron que iba montaña abajo, a lo largo de los pantanos, hasta Terracina, adonde podría llegar antes del anochecer. Sólo había de seguir el sendero dejando las montañas a mi izquierda, y tras unas horas de camino me llevaría hasta un largo canal que iba de las montañas a la gran carretera, cuya larga alameda podría ver enseguida, en cuanto se disipara la niebla. Siguiendo el canal llegaría al camino, justo al lado del convento abandonado que era ahora una hostería; se llamaba Torre Tre Ponti. "



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