Patria (fragmento)Fernando Aramburu

Patria (fragmento)

"Xabier mira sin mover un músculo de la cara el fondo de esos ojos llorosos, desatinados, furibundos. Un rato después, ya algo más sosegada la señora, Xabier le pregunta con respeto frío:
—¿Usted conoce a mi padre?
—No. Ni falta que hace. Pero seguro que si tu padre es el enfermo te habrías esforzado más.
Es todo lo que deseaba averiguar. Si lo conocía, si sabe lo que ocurrió. Xabier no abriga el menor interés en seguir escuchando a la anciana. Ni siquiera le da el pésame. Le dice educadamente que disculpe, que tiene que atender a otros pacientes. Al rato, con el ánimo por los suelos, está sentado a la mesa de su despacho. Se sirve coñac en un vaso de plástico. Lo apura de un trago. Llena de nuevo el vaso sin dejar de mirar la fotografía de su padre. Sus cejas severas, las orejas que afortunadamente no heredaron ni él ni su hermana. En los oídos de Xabier resuena la voz chirriante de la señora en el pasillo. No lo habrías dejado morir. Aita, ¿te dejé morir? En cualquier caso, no lo impidió. No lo impediste, Xabier. ¿Quién lo dice? Lo dicen los ojos serios de su padre. Y desde entonces no te atreviste, te dio vergüenza, consideraste indigno tratar de arrancarle a la vida pedazos de felicidad.
Después del segundo trago, levantó la mirada hacia la telaraña, allá arriba, en busca de buenos momentos del pasado, que los tuvo, claro que los tuvo, y no sólo durante la infancia, cuando es más fácil concebir ilusiones. Ahora, en cambio, experimenta como una repulsión por la alegría.
¡Cuántas veces se ha sentido tentado de pedirles a las empleadas del servicio de limpieza que por favor no rompan/quiten la telaraña! Es que de un golpe lo privarían de tantos recuerdos. Lo privarían, sin ir más lejos, de este que ahora, después del tercer lingotazo de coñac, le devuelve la imagen de Aránzazu. ¿Cuándo, dónde? Si se lo propusiera, podría ponerle fecha. Todos los hechos de su vida han ocurrido a una determinada distancia temporal del asesinato de su padre. Terminó la carrera siete años antes de, participó en aquel congreso de cirugía cardiovascular en Múnich nueve años después de. Igual que los hechos históricos en relación con el nacimiento de Jesucristo. Y Aránzazu es anterior al punto cero y también un poco, muy poco posterior, apenas unas horas.
Se acuerda del sitio y de la hora. La cafetería Gaviria, en la Avenida, al atardecer. Es verano. Un año y unos pocos meses antes de. Pero esto, en aquel instante, no lo pueden saber ni él ni ella. Como en la terraza estaban todas las mesas ocupadas, decidieron sentarse en el interior.
Bebe otro trago de coñac que después lo obligará a tomar un taxi para ir a casa. No se explica que le venga a la memoria un episodio en apariencia tan trivial; pero a una telaraña no le puedes pedir que elija la presa. Agarra, si es que agarra, lo que impacta en ella; aunque sea, como este recuerdo, nada, una grata pequeñez, un juego de enamorados incipientes. "



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