Nativa (fragmento)Eduardo Acevedo Díaz

Nativa (fragmento)

"Muchos se habían ya guarecido bajo sus ranchejos o madrigueras a estilo charrúa, escurriéndose a lo largo lo mismo que los zorros en sus cuevas, más ansiosos de ganar algunas horas de sueño aunque fuese sobre una jerga empapada que de estarse entumecidos al amor de una lumbre que producía en las extremidades de los miembros agudos escozores, si no se tenía la paciencia de aproximarlos poco a poco a las brasas para evitar los efectos de una reacción violenta. Entre los que circuían estrechamente los fogones al punto de no dejar claro alguno por donde pudiese penetrar una lagartija, por lo que al mover las cabezas sólo se percibían barbas erizadas y narices color de remolacha entre un resplandor rojizo, uno que otro «churrasco» jugoso y caliente retemplaba los ánimos, alternando con el mate o el jarro pequeño de «lata» provisto de «bombilla», y alguna bota de «caña» o «chifle» de cuerno las libaciones prolongadas de cada grupo. Si por acaso se acercaba a esos centros o tertulias alguno que no se había preocupado de su cocina, con intención de calentarse siquiera los dedos ateridos, cesaba de súbito en el núcleo la plática sabrosa; se volvían todos para mirar de soslayo al zángano al ruido de sus pasos o de las espuelas, y se apretaban más unos contra otros siempre en círculo medido, de manera que entre ellos no quedase el menor hueco. Se guiñaban los ojos sombreados por el ala del sombrero y lucientes al calor, se hacían los boquituertos retozando en silencio con esas risas que no acaban de estallar bajo los pelos y que tanto se asemejan a gruñidos de mamoncillos, escondían el «mate» bajo el poncho o volcaban la caldera para disculparse con la falta de agua, y al apartarse del sitio el importuno visitante recomenzaba el bullicio sazonado con el comentario, -ora de las vueltas que el hombre dio para meter por una hendija cualquiera las manos, ya del gesto que puso cuando alcanzó a ver que el asador de espinillo no tenía ya más que el rezago del «churrasco», y que la caldera estaba muy tiesa con la boca para abajo. Se renovaban luego las ocurrencias sobre la llegada de Luis María y de Esteban -la novedad del día, -pues el tema se prestaba para ellos a inagotables variantes. "


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