QB VII (fragmento)Leon Uris

QB VII (fragmento)

"La comunicación de sir Adam Kelno fue respetuosamente acogida y profundamente apreciada por el Real Colegio de Cirujanos de Edimburgo. Si bien Kelno no era un orador inspirado, ni poseía un dominio pleno del inglés, era, no obstante, una autoridad eminente en nutrición, medicación en masa y resistencia humana en condiciones difíciles.
Aunque continuaba ejerciendo modestamente en Southwark, entre pacientes de la clase obrera, escribía extensamente y daba frecuentes conferencias sobre su especialidad.
El hablar en la Facultad de Edimburgo significaba invariablemente para él un doble placer, y solía combinar las conferencias de modo que pudiera concederse un día de asueto y dar un paseo en coche.
Una vez fuera del centro de la población, la inmensidad estéril de las Tierras Bajas centrales desfilaba rauda ante su ventanilla. Angela abrió la calefacción y sirvió té del termo. Adam era capaz de guiar todo el día por las suaves llanuras de Escocia, gozando incansablemente del respiro que significaba aquello, en relación con sus largas horas en Londres.
Aminoraron la marcha por haber llegado a un pueblo rústico, con tejados de bardas, cuya calle Mayor aparecía llena de terneros negros. Un par de rudos escoceses, montados a caballo, los conducían hacia los prados.
El olor a estiércol penetró en el coche.
Adam se creyó, por un momento, en su propio pueblo de Polonia. No era como éste. Era, en aquellos años pretéritos, más chato, boscoso y pobre, y hasta más primitivo. Pero el campo, los campesinos y los pueblos que éstos habitaban, fuera donde fuere, siempre despertaban con un alfilerazo su recuerdo.
Un tercer jinete se situó delante del coche, andando al paso y obligando a Kelno a parar por completo. El jinete que montaba el caballo era un muchacho de unos doce años. Un par de perros arremetían contra las patas del ganado. "



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