El egoísmo y la amistad o los efectos del orgullo (fragmento)Juana Manso

El egoísmo y la amistad o los efectos del orgullo (fragmento)

"Lo que es natural no puede mudarse, Eugenia descontenta de su marido cuya conducta no era irreprensible hacia participar su malhumor á la amiga de su infancia, á aquella que nada había podido separar de su lado. Cuando su orgullo le hacía sentir la necesidad de desahogar su corazón, Leonor era a quien se buscaba, esta oía con la paciencia de un ángel las quejas de madame de Gercourt y la consolaba lo mejor que podía; cuando las penas de Eugenia se disipaban olvidaba la tierna solicitud de su amiga y de nuevo le hacía experimentar todo el peso de su despotismo.
Un frío silencio, medias palabras con que hacía ver el deseo de despedir a una tan buena amiga, no le dejaba ninguna duda sobre su demasiada culpable intención. La Señorita de
Yilliers la libertaba de su presencia y entraba en su cuarto con el corazón acongojado y el alma oprimida, ¡Ay de mi! decía, lo veo con dolor, es preciso separarme de mi amiga, ¿qué será de mi? ¿Quien participará de mis penas si la amistad me abandona? Estas tristes reflexiones le inspiraron el deseo de emplear todos sus momentos en un trabajo que pudiera un día procurarle algunos medios honrosos de subsistencia.
Desde este instante se contrajo al bordado y al dibujo. Y en poco tiempo hizo grandes progresos adquiriendo insensiblemente un recurso seguro centra el golpe que no tardó en recibir. Algunos quebrantos en la fortuna del Sr. de Gercourt, hombre entregado á los placeres y á la disipación, dio á su mujer el pretexto que buscaba para deshacerse de Leonor; cuya sociedad le causaba fastidio. Esto no es extraño si se considera que la señorita de Yilliers siempre melancólica; con el corazón angustiado y el amor propio ofendido ofrecía sin cesar el cuadro de la aflicción en una casa donde reinaba la alegría, donde se ocupaba la mañana en las diversiones del día, donde la ligereza y el sarcasmo reemplazaban la ingenuidad, donde la sensibilidad era el objeto del ridículo. Leonor sin embargo podía permanecer sin costar nada; cuando se ocupaba constantemente de todos los quehaceres de la casa su servicio equivalía al de una ama de llaves, pero su presencia importunaba. "



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