La rosa amarilla (fragmento)Mór Jókai

La rosa amarilla (fragmento)

"Afortunadamente había entre las gentes que iban a la feria una guisandera, la cual llevaba consigo una enorme cacerola de hierro y una gran provisión de carne de tocino fresca. Al instante improvisó con cañas de maíz una tienda, y bajo la tienda un puesto de comida. No necesitaba comprar leña, porque el Tisza arrastraba consigo bastante. En cuanto a vino, lo había en la taberna del vado; verdad es que era bastante mediano; pero cuando no hay otra cosa, toda parece bueno. Por otra parte, el húngaro, cuando se pone en camino, siempre lleva consigo una bota y un saquete con provisiones.
El zapatero de Debrecen y el curtidor de Balmazujvaros eran ya antiguos conocidos, y el botonero suele ser compadre de todo el mundo; el tendero estaba sentado en una mesa separada —se considera más que los demás porque lleva un jubón de adornos rojos— pero de tiempo en tiempo se mezclaba igualmente en la conversación. Más tarde también un chalán se unió con ellos; pero debía permanecer en pie, porque tenía la nariz curvada, es decir, era un judío. Pero, en cambio, cuando el vaquero se aproximó a ellos le hicieron en seguida sitio, porque ante un vaquero hasta las gentes de la ciudad experimentan respeto. Los dos vaqueros moravos se quedaron fuera con las bestias.
Aún podían entonces hablar cómodamente, porque no estaba allí la Pundor, pues cuando esta joven llegase nadie podría meter baza. Pero su carricoche debía haberse retrasado en alguna hospitalaria taberna del camino; venía en el cochecillo de su cuñado el carpintero.
Éste llevaba al mercado baúles húngaros, adornados de tulipanes, y la Pundor proporcionaba a las gentes jabones y velas de sebo. Cuando entró el vaquero en la sala, estaba de tal modo llena de humo y de vapor, que apenas si se podía distinguir a las personas. "



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