El bosque del fin del mundo (fragmento)William Morris

El bosque del fin del mundo (fragmento)

"Constituye un gran dolor para mí saber que ni siquiera en este instante puedo tocar tu mano y rodearte con mis brazos y besar esos labios que me aman. Sin embargo, así ha de ser. Amor mío, aunque deseo permanecer aquí contigo sin que importe lo que nos digamos, nuestro contacto se hace peligroso, ya que siempre me espía un ser maligno, que ahora acaba de seguir los pasos del hijo del Rey hacia la casa, pero que volverá de inmediato; debemos separarnos. Aún queda tiempo para una o dos palabras: primero, el plan que he formado para nuestra liberación sigue en pie, aunque aún no me atrevo a contártelo ni tenemos tiempo para ello. Pero te diré esto: así como grande es la sabiduría de mi Señora en la hechicería, yo también poseo algún conocimiento del que ella no dispone, y es el de cambiar tan profundamente el aspecto de la gente que dejan de parecerse a quienes eran, sí, y adquieren la forma de otro. Segundo: sea lo que fuere que te pida mi Señora, cumple su voluntad hasta donde consideres que le place. También quiero advertirte de que me veas donde me vieres, no me hables, no me hagas ninguna señal, ni siquiera cuando parezca que estoy sola, hasta que yo no me incline y toque el anillo que hay en mi tobillo con la mano derecha; y si así lo hiciera, quédate quieto hasta que yo hable. Lo último que vaya decirte, mi querido amigo, antes de que sigamos nuestros respectivos caminos, es que cuando seamos libres y conozcas todo lo que he hecho, te ruego que no me consideres una persona maligna y perversa, y que no te encolericen mis actos pasados, porque sabes que no actúo como otras mujeres. He oído decir que cuando un caballero se dirige hacia la guerra, y vence a sus enemigos con el uso de la espada y de taimadas artimañas para regresar a casa sano y salvo, todos le alaban y le bendicen y coronan su cabeza con fiares y alardean de él ante Dios en la iglesia por haber liberado y salvado a la ciudad y a los amigos. ¿Por qué habrías de ser tú peor para mí por semejantes actos? Ya todo ha sido dicho, querido; ¡adiós, adiós!
Entonces, dio media vuelta y, con un ligero rodeo, se encaminó a toda velocidad hacia la casa. Cuando se hubo marchado, Walter se arrodilló y besó la tierra donde habían estado sus pies. De inmediato se levantó y, lentamente, él también se dirigió a la casa por el camino principal.
Por la mañana temprano, Walter vagabundeó alrededor de la casa hasta que transcurrió buena parte de la mañana y, cuando cayó la tarde, cogió el arco y las flechas y se adentró en el bosque en dirección norte con la intención de conseguir alguna pieza de caza. Había recorrido un buen trecho cuando pudo matar a un cervato. Después, se tumbó a descansar bajo la sombra de un gran castaño, ya que aún hacía mucho calor. Mirando a su alrededor, descubrió un valle pequeño que era atravesado por un arroyo de apariencia agradable; se le ocurrió darse un baño y hacia allí se dirigió para disfrutar de las frescas aguas y de los bancos plagados de una hermosa hierba. Salió del arroyo y se tumbó desnudo durante un rato sobre el césped con el agua rozándole los pies y sintiendo la fresca brisa que levantaban las amplias ondas de la corriente. "



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