Tierra sin nada, tierra de profetas (fragmento)Raúl Scalabrini Ortiz

Tierra sin nada, tierra de profetas (fragmento)

"La ciudad es de tierra cocida y extiende entre cilancos su estructura petisa. Está inmóvil. Unas casas son más altas, otras más bajas. Calles hay rectas y torcidas, angostas o anchurosas. Pero hay un pedazo particular en la emoción de cada una. Un pedazo que como un miembro palpitante del recuerdo, un elemento del enternecimiento. Ese edificio, mudo para todos, cuenta la persecución de una muchacha hace diez años. Esa cuadra del primer rubor supo tus quebrantos, luego, y tu aniquilación paulatina. La aventura posible embanderó cada cuadra y cada barrio, y la afección personal da una perspectiva a cada perspectiva chata. Más aún no era mi presentida ciudad. Hay algo, en esta confesión, de vida incompleta, de involuntaria restricción, y el que cercena una parte de su ser más profundo pierde su equilibrio y lo que hubiera sido unidad poderosa se desgaja en violencias, en alternativas o en la concentrada ebullición del desencanto.
Me reincorporé a la monotonía innumerable de la vida porteña. Me insumí en ella. Vi mis días como granos en que mi vida se desmoronaba. Esa carcoma llegó a mostrarme lo vivo y actual como ya deshecho y podrido. Mi unción seguía implacable descascarando el frente impasible de las casas y de los hombres. Entrevistaba zaguanes con rastros de intimidad, recogía intenciones, reencontraba inocencias en desafueros, castidad en aparente lujuria. Rehacía en la ciudad opulenta la tímida ciudad interior. Recomponía. Imaginaba. Conocía.
Un inmenso vacío circundaba y pesquisé un testimonio trasmisible de mi recóndito conocimiento. Quería formas expresivas para ese silencio adverso en que consientes, para esa prontitud arisca en que te acorralas, para ese mirar como si nada fuera nuevo y todo hubiera sido tuyo, para ese deslizar de tu pasión sobre la pasión ajena, para esa sonrisa sin nada en que disuelves tu ventura, para ese estar en vigencia, así como todos en cada uno y cada uno en ninguno.
Presumí incapaz a la sola descriptividad. Mi vocación es de realidad y de atenerse a ella. El mundo es un sueño que no debe desvanecerse, un sueño que debe defenderse a toda costa, un sueño al que de cualquier modo debe conferírsele una eternidad. Pero la realidad no es la materia ni lo sensorial exclusivamente. La casa en edificación asciende y admiramos la casa y la mano que la erigió. Pero la casa nació de una intención anterior. La intención de una voluntad primitiva. La voluntad de un deseo. El deseo de un espíritu. Ese espíritu era el objeto de mi búsqueda y la manera de connotarlo. La realidad de ejecución es despreciable. El espíritu es lo permanente. "



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