La revolución es un sueño nocturno (fragmento)Andrés Rivera

La revolución es un sueño nocturno (fragmento)

"¿Llovió en la infundada noche del 5 de julio de 1807? Castelli escribe que disparó su fusil contra las escurridizas sombras de los soldados ingleses, desde una azotea de Buenos Aires, hasta que llegó la noche, si la hubo, del domingo 5 de julio de 1807. Después bajó de la azotea y caminó hacia el Fuerte entre barricadas y gemidos, antorchas, gritos desaforados de centinelas, olor a sangre, excrementos, carne asada, vino, orines, lluvia quizá.
Allí, en una sala del Fuerte, bajo la luz de las lámparas y detrás de una larga mesa de madera en la que había papeles sucios, cigarros, tinteros, sables y balas, canastos de paja con empanadas que chorreaban grasa, fusiles, jarras de vino, estaba, de pie, Martín de Alzaga.
Estaba de pie, Alzaga, los largos y flacos brazos y las manos, cuidadas, de dedos largos y flacos, que recogían, de la larga mesa, papeles sucios en los que un amanuense asentaba los mandatos, las imprecaciones que él le dictaba, distante, inescrutable, empecinado, para que se consumase, durante una noche de domingo y en las calles de una aldea réproba y pretenciosa, las más afrentosa catástrofe que ejército imperial alguno registre en sus anales. Y Alzaga, de pie detrás de la larga mesa, repartía entre jefes y soldados, ricos y esclavos, blancos y negros, mensajeros extenuados, centinelas vociferantes, jarras de vino y empanadas que chorreaban grasa, y mandatos, imprecaciones, dones y sentencias, que un amanuense transcribía a papeles sucios, para que en una noche de domingo, por segunda vez en doce meses, pusieran de rodillas al invasor y arrastraran sus banderas por las calles de una aldea réproba, inmunda y pretenciosa.
Alzaga, que repartía mandatos, imprecaciones, dones y sentencias, mira a Castelli, los ojos como piedras lavadas por la sal y la niebla del mar, y le pregunta si está informado de la etimología vasca de la palabra Alzaga. Castelli, el pelo y la capa, que aún no olía a bosta y sangre, mojados por la lluvia de una infundada noche de julio, responde. No lo sé, señor. Mi padre, señor, nació en una ciudad edificada sobre el agua. Alzaga mira al tipo enjuto, mojados pelo y capa por la lluvia que caía sobre Buenos Aires en una infundada noche de julio, y que dice, sin sonreír, que Venecia es una ciudad construida sobre el agua, y en cuyos mercados y canales y puentes y palacios se vende la alegría de vivir. Alzaga escucha eso, de pie detrás de la larga mesa, el cuerpo flaco y duro como el granito, y mira al tipo que lo dice, y le tiende, distante e inescrutable, una jarra de vino.
Alzaga, de pie detrás de la larga mesa, dice que la traducción castellana de Alzaga es abisal, árbol de tronco limpio, madera muy dura y algo amarillenta, que crece en terrenos aguanosos. De la familia del abedul, del aliso, doctor Castelli. Su corteza, o las hojas de su copa, son un remedio eficaz, se cree, contra la rabia. La madera, muy dura, doctor Castelli, muy dura, la usan los artesanos para diseñar instrumentos musicales: eso, sólo a los tontos, le sonaría paradójico. "



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