La diosa de jade (fragmento) Yutang Lin

La diosa de jade (fragmento)

"Un día llegó un sobrino lejano. Se llamaba Chang Po y era un inteligente joven de dieciséis años, vivaz y lleno de brío. Era de estatura un tanto elevada para su edad, y sus manos de dedos bellamente afilados resultaban notables para un muchacho campesino.
Produjo tan buena impresión en la familia, que la madre decidió que se le daría la tarea de cuidar a los visitantes, aunque no sabía leer ni escribir.
Tenía un año más que Meilán, y cuando aún eran muy jóvenes se encontraban a menudo y conversaban y reían juntos, porque Chang Po le narraba a Meilán relatos del campo, y a ella le encantaba escucharlo.
Pero al cabo de unas semanas el primer entusiasmo de la familia por el joven se entibió un tanto. Chang era a la vez extraordinario y difícil. En primer lugar no era un buen sirviente; a menudo se olvidaba de sus deberes y no quería, o no podía, aceptar una reprensión de sus mayores cuando cometía un error. En consecuencia, la madre de la muchacha le pidió que cuidara los jardines. El joven se sintió por fin feliz haciendo su trabajo.
Chang Po era una de esas personas originales nacidas para crear, no para aprender lo que el mundo tenía que enseñarle. Se sentía perfectamente dichoso a solas con sus flores y sus árboles, y se paseaba por los jardines, silbando, como si fuese el amo de la creación. Si se lo dejaba solo podía hacer cosas sorprendentes. Había aprendido a pintar sin maestro. En su tiempo libre hacía maravillosas linternas y modelaba animales de arcilla que parecían vivos.
A la edad de dieciocho años Chang Po era aparentemente un inútil. Ni la propia Meilán podría decir exactamente qué fue lo que la atrajo en él. Chang era, simplemente, distinto, y había crecido y era hermoso. Hacía lo que se le daba la gana, y se hizo amar por toda la familia, con la sola excepción del padre. Una intimidad natural surgió entre los primos, aunque había quedado claramente entendido que, teniendo el mismo nombre de clan, el matrimonio entre ellos era en todo sentido imposible.
Un día Chang Po anunció de pronto a la dueña de casa que se iba para aprender un oficio. Había encontrado un taller de un tallista de jade en el que se ofreció como aprendiz. A la madre le pareció bien, ya que pasaba demasiado tiempo con Meilán. Pero Chang continuó viviendo en la casa, a la que volvía todas las noches, y tenía más temas que antes para conversar con su prima. "



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