El soldado de Hesse (fragmento)Howard Fast

El soldado de Hesse (fragmento)

"Durante cierto lapso hablamos de frivolidades, dirigidos por Alice, que actuaba tan cautelosa­mente como si caminara sobre trozos de vidrio. De repente Hunt nos relató su visita a los Hea­ther. Entonces pasaron a primer plano aquellos extraños individuos que, refugiados en el Ridge como en un santuario –quizá porque en ese sec­tor de Connecticut la tierra era muy barata–, se llamaban a sí mismos cuáqueros. Habían comen­zado a establecerse hacía más de cincuenta años en nuestros pedregosos valles y highlands donde ahora vivían, por lo menos, veinte familias, que contaban con su propia meetinghouse. Sobrios, industriosos y decentes, soportaron varios años de guerra con tranquila resignación, aceptando la cólera de los demás y el clima hostil que los rodeaba, con paciencia y sin rencor, actitud que con frecuencia resultó más molesta e intolerable para sus verdugos que cualquier tipo de resis­tencia o iracundia.
El pastor Dorset le respondió a Hunt que, al fin y al cabo, eran personas temerosas de Dios que, aunque renuentes a ayudarnos, ciertamente molestaban a los británicos.
Hunt se hallaba de muy buen humor y suelto por primera vez desde hacía mucho tiempo. Ser­vimos seis costillas saladas de buey, bien sazona­das y asadas, pero yo me abstuve de fomentar sus remordimientos, evitando la menor alusión a su gota. Comió, además, tres porciones de pudding hecho al baño María, regando todo con una botella de buen vino portugués. Se hallaba, por lo tanto, inclinado a la ecuanimidad. De ahí que aceptara el punto de vista de Dorset, aunque haciendo la salvedad de que en la gran batalla del Ridge los cuáqueros habían asistido en sus casas a los heridos ingleses. "



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