La llaga (fragmento)Federico Gamboa

La llaga (fragmento)

"Tan atinadas razones, pusieron de bulto la situación que aguardaba a los cónyuges; Eulalio, clausurado en el Colegio y en la ordenanza, que no entienden de subterfugios ni locuras; Pilar, forzada durante lapso indefinido, y a efecto de no perjudicar el porvenir de su esposo, a ocultar la boda, a no mostrarse en público, a ni siquiera vivir con él los primeros tiempos, cuando hasta los infelices disfrutan del matrimonio. Por lo que la despedida vino a ser desgarradora y triste, como la ceremonia del templo.
Vuelta sobre el respaldo del sofá, entonces sí que Pilar rompió a llorar, que se reveló en su aspecto de mujer enamorada. Sin eufemismos ni rodeos, angustiada de que se le escapara Eulalio, porque tal mandaban la ordenanza y el Colegio, el porvenir de él y la reputación de ella, lo sujetó por un brazo, y empinándose hasta su cara, hasta su hombro en el que hincó la cabeza, ora en voz baja, ora en alta, lo mismo que si a solas se encontraran, arguyó e imploró:
­-¡Me he dado a ti, fíjate, me he dado a ti y ya soy tu esposa!... ¡a mí nada más me perteneces y no puedes dejarme, porque te idolatro! ... ¡deja cuanto hay, el porvenir y el Colegio, pero a mí, no! ... ¿Qué nos importa lo demás? ...
Doña Remedios abogó por su hija, Rosario y Ró­mulo corearon a la señora, que anunciaba que por mientras, Eulalio podría instalarse en la alcoba de la que ya era su mujer...
Con la visión neta de su futuro despedazado, de su vida mancada, pero queriendo a Pilar entrañablemente, Eulalio se dejó convencer, y aunque reconocía que cediendo a las concesiones que le solicitaban, aun ante sí mismo se rebajaba, fue accediendo a todo lo que Pilar le pedía, colgada de su cuello.
­-¡Volvería a la noche! "



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