Apariencias (fragmento)Federico Gamboa

Apariencias (fragmento)

"El almuerzo fue íntimo. Se instalaron los cuatro comensales en un kiosco rústico, construido con troncos de árboles en el centro de una de las plazoletas del establecimiento y oculto por el sinnúmero de enredaderas y trepadoras en flor que circundaban los costados, disimulaban las ventanas y obstruían la puerta. Sentados alrededor de la mesa, veía cada cual una parte del jardín, según la ventana que le quedaba en frente. Uno de los árboles corpulentos que abundan en el tívoli, los sombreaba con sus ramas; los camareros, entraban y salían de acuerdo con las exigencias del servicio, y los primeros platos se despacharon en silencio, con la mirada ociosa y el pensamiento distraído, dada la multiplicidad de intereses representada por los miembros del grupo. Doña Dolores, sufría un dolor mortal por lo que las madres califican de "pérdida de la hija", y un conato de animadversión hacia el hombre que en cierto modo se las arrebata, lo que forma la futura falta de inteligencia entre las suegras y los yernos. Elena, temblorosa y ruborizada, por un miedo profundo de lo que le pasaría dentro de poco, en el orden físico, y un miedo vago de lo que podría pasarle con el andar de los tiempos, en el orden moral; todavía la víspera, aquel hombre que tenía a su lado, no hubiera podido acariciarla sin ofenderla, y, ahora, su madre misma tomaría a mal el que ella rechazara o se opusiera a esas caricias que le flotaban por los manteles y el aire, que adivinaba en los ademanes y en las miradas de don Luis, que la perseguían como fieras implacables, sin dejarla reposarse ni solicitar una tregua, un período preparatorio que las justifique y las haga deseables. "


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