Mariluán (fragmento)Alberto Blest Gana

Mariluán (fragmento)

"A fin de calmar la creciente alarma de la población y con la mira de llevar la guerra al territorio araucano, las autoridades militares y civiles de Los Ángeles expedían órdenes para llamar tropa de las otras plazas de la frontera; tomaban las necesarias providencias para equipar y poner a los cívicos en estado de unirse a la fuerza veterana y anunciaban la próxima salida de una expedición formidable, que no sólo pondría a raya los desmanes de los salvajes, sino que, llevando con sus pendones la victoria, los escarmentaría (es el término oficialmente consagrado) por mucho tiempo.
Estas noticias llegaban a oídos de Mariluán por diversos conductos, que él había tenido el cuidado de preparar de antemano. Ninguna de ellas, sin embargo, le intimidaba: firme en su propósito, aceleraba la reunión de sus guerreros, acogía a sus particulares en la disciplina militar, formando así alguna infantería, y desplegaba en fin una actividad incansable, dando al mismo tiempo el ejemplo de la sobriedad a los suyos para ir gradualmente morigerando sus costumbres.
Quería al mismo tiempo Mariluán introducir en medio de su campamento las comodidades de la vida civilizada, en cuanto las circunstancias de aquel lugar y el estado de la guerra lo permitiesen. Sabría por experiencia personal que el ejemplo destruye los hábitos más arraigados, y esperaba que modificando los hábitos domésticos de los indígenas, les prepararía poco a poco a entrar en vía de regeneración que ambicionaba abrirle. Animado de tales deseos y esperanzas, había sacado partido de las aptitudes de varios artesanos que llegaban al campamento buscando fortuna entre los indios, o perseguidos por las autoridades chilenas, y emprendido desde los primeros días con su auxilio la construcción de una casita, al pie de una colina, en la que esperaba residir durante los intervalos de la guerra.
Todos estos trabajos, en los que Mariluán desplegaba una constancia y actividad infatigables, no le impedían, sin embargo, consagrar a Rosa su tiernos e incesantes recuerdos. El vigor de la juventud encuentra fuerzas, como en este caso, para llevar de frente los más arduos propósitos; siempre que el corazón esté templado en  las máximas salvadoras de la hidalguía y del amor a sus semejantes.
Al cuarto día de su llegada a la reducción de sus mayores, Mariluán decidió enviar un emisario a Los Ángeles para informarse del verdadero estado de la plaza y traerle noticias de Rosa. Con este fin llamó a Caleu, que desde su llegada le secundaba en todos sus trabajos. "



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