El banquete (fragmento)Muriel Spark

El banquete (fragmento)

"Margaret siempre había oído que los conventos olían a cera, a cera de abeja. Notó que los balaústres de madera de la barandilla y las escaleras estaban bruñidos y relucientes, y llegó a la conclusión de que el aroma un tanto almizclado que flotaba en el aire debía de ser de cera de abeja. La verdad es que era de un aerosol, pero no desdecía en la austera y limpia atmósfera conventual de la casa. Una simple esterilla trenzada servía de alfombra a la escalera. Margaret se encontró en una pequeña sala de espera con unas sillas de asientos de plástico de color gris elefante, una mesa redonda con un centro de ganchillo sobre el que había un jarrón con flores de cristal de distintos colores y un escritorio sobre el que estaban amontonadas unas carpetas de cartón que contenían papeles de tamaños desiguales, una cuarta parte de la guía de teléfonos de Londres y un teléfono negro. Había unos sencillos visillos de nailon en las dos ventanas, que tenían unas cortinas a cada lado hechas de un material verde y marrón de factura casera.
Margaret se sentó en una de las sillas, componiéndose bien su vestido dentro de lo posible, con la cabeza vuelta hacia un lado y un brazo apoyado en el respaldo de la silla. Entró una mujer de mediana edad vestida con su hábito gris corto y el velo de la toca ondeando al aire. Respiraba con mucho ruido, como si tuviera una enfermedad de pecho. "



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