La constante Amarilis (fragmento)Cristóbal Suárez de Figueroa

La constante Amarilis (fragmento)

"Llegó después a la junta en ocasión que Elisa se quería levantar por ir a beber a la fuente que estaba cerca de allí, mas reconociendo su intención, Cintio, amartelado suyo, pidió no dejase el asiento que ocupaba por tal respeto, supuesto traería él lo que deseaba. Se contentó la pastora y, levantándose, Cintio llenó de agua un curioso baso que tenía consigo, donde se venía riendo el cristal. Dio alegría a los circunstantes su pureza, siendo causa de que más de dos le bebiesen. Por tanto, Clarisio, que de continuo andaba filosofando y reconociendo por la perfección de lo criado la grandeza del Criador, cometió al mismo Cintio dijese lo que se le alcanzase en alabanza del agua. Y si bien él deseaba cayese aquel peso en otro, no pudo dejar de obedecer diciendo:
-Son excelentes las propiedades de este licor. Representa la imagen, refresca el calor, llena lo vacío, junta el polvo, cava la tierra, fertiliza los campos, ablanda lo duro, quita la sed, mata el fuego, abaja lo alto, alza lo bajo, sube cuanto baja, sana las enfermedades como las sanan los baños, fortifica los ejércitos como el Éufrates fortificaba a Babilonia. Sobre las aguas era llevado el espíritu de Dios, a éstas tiene Él mismo encerradas en sus cielos como tesoros ricos. El agua castigó los malos y reservó los buenos, el agua es madre apacible de cuantos vivientes ocupan el mar. Es admirable antídoto contra todo veneno, por eso los cisnes y elefantes, tras cualquier venenosa comida, corren luego a lavarse; y, así, el ciervo, para purgarse del tósigo que tragó cuando comió las serpientes, y también para renovarse, visita las fuentes y en las ondas se purifica y se sana. El agua vivifica, siendo adorno y vida de la tierra, de sus flores, yerbas y plantas. El agua junta los dos mundos, por la misma tan divididos y, en fin, en diversas partes está llena de calidades prodigiosas. La fuente de Macedonia hace blancas las ovejas negras; en Beocia una fuente causa olvido y otra memoria; otra en Egipto enciende las hachas muertas; la fuente del sol, entre los garamantas, hiela de día y abrasa de noche; otra en Idumea corre tres meses del año turbia, tres clara, tres verde y tres colorada; en Canaria, de un árbol se destila una fuente que jamás cesa; las dos medicinales de Maqueronte sanan todas enfermedades del cuerpo y la de Mesopotamia esparce suave olor. No os quiero cansar con otras infinitas virtudes que tiene, pues sabéis que sobre todas es la más eficaz ser una de los cuatro que fraguan y sustentan nuestra vida.
Cesó con esto [Cintio] y tras su discurso se introdujo el de las excelencias de las mujeres, en que Olimpio discantaba con agudeza, por ocasión de haber medido antes con la pluma parte de lo que se podía decir. Así dijo no haber obra humana que pudiese competir con la de la mujer, por quien sólo había dicho nuestro primer padre aquellas grandiosas palabras con que la llamó huesos de sus huesos, carne de su carne, por quien el hombre había de dejar sus padres. En fin, concluyó con decir un soneto que tenía compuesto en loor del valor y ser femenil. "



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