Naufragio en la sombra (fragmento)Valentín Andrés Álvarez

Naufragio en la sombra (fragmento)

"Salíamos al anochecer, y yo, muchas veces, con la Crítica de la Razón Pura­ bajo el brazo, me iba a bailar a Maxim´s. Los mismos oídos que recogieran momentos antes graves problemas metafísicos, recibían ahora tangos y foxtrotes. Dentro de mí tuvo lugar el contacto cósmico de la categoría kantiana y el tango argentino. Emparejamiento tan extraño no fue estéril. Tengo a todas mis obras por hijas de él.
[...]
Se notaba que la tierra había sido removida en aquel paraje, acaso para nuevos enterramientos. Muy cerca, en la esquina próxima, descubrimos una gran fosa llena de huesos humanos. Dorotea se quedó absorta unos instantes. Luego, como obedeciendo a una idea repentina, cogió un hueso, un fémur, y lo puso sobre su muslo, para ver si tenía las mismas dimensiones que el de ella. Era demasiado corto; no podía ser de su abuela, es decir, suyo. Cogió luego otro fémur, luego una tibia y los fue sometiendo a este mismo examen.
[...]
Dorotea se probaba los huesos para ver cuál era el esqueleto que le venía bien. Separó después unas cuantas calaveras, pero no le gustó ninguna. Yo contemplaba aquella mujer, que, volviendo del revés completamente el acto de elegir sus prendas en casa de la modista y de la sombrerera, en la zapatería y en la tienda de guantes, buscaba allí el armazón del cuerpo que estuviera bien a sus vestidos, el pie para la medida de sus zapatos, la mano para sus guantes y la cabeza que viniera bien para sus sombreros. "



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