Algo flota sobre el agua (fragmento)Lajos Zilahy

Algo flota sobre el agua (fragmento)

"Cuando estuvo vestida, desapareció entre los arbustos. “De algo estoy seguro: no me ha visto”, pensó Juan y esto le tranquilizó.
Instantes después miró sigilosamente entre el follaje. Y vio a Anada que casi corría hacia la casa.
El también se puso en camino. Andaba lentamente, se detenía de vez en cuando y dejaba vagar su mirada sobre la otra orilla. Quería hacer tiempo para llegar a casa mucho más tarde que ella.
Ahora había decidido firme y terminantemente despedirla. Presentía de nuevo en Anada la mano del destino y sentía ahora una ruda fuerza interior, capaz de desviar aquella mano que pesaba sobre él.
Sí; ahora iría a la casa, se plantaría ante Anada y le diría:
“No preguntes por qué, pero tienes que dejar mi casa.
Nada malo has hecho, yo mismo soy tu deudor, pues merecidamente has ganado el derecho a que te demos pan y techo. Búscate otro lugar en el mundo, que cualquiera habrá de recibirte con agrado dondequiera que toques una puerta... “
Le daría trajes y provisiones para el viaje. Sí; y, además, dos monedas de oro para tranquilizar aún más su conciencia.
Esta decisión lo alegró y alivió. Sintió que su alma volvía a equilibrarse y no comprendía qué era lo que le había impedido hasta ahora tomar esta resolución.
¡No había nada más simple que esta solución! Lo debía haber hecho desde hacía tiempo, desde el primer momento en que notó el efecto que en él producía la presencia de Anada. Pero, gracias a Dios, aún no era tarde. Sí; así lo haría.
Pero, ¿qué le diría a Susana? No podía contarle la verdad. De comunicarle francamente sus pensamientos, la habría herido y humillado. No habría sido capaz de comprender que fuera posible que aparte de ella hubiera alguien a quien su marido...
No; no valía la pena pensar en ello. Por otra parte tampoco tenía importancia. Lo primero era hablarle a Anada.
Cuando llegó cerca de la casa dio un gran rodeo para que Anada, a la que casualmente había visto atravesar el patio, le viera llegar de una dirección enteramente distinta y no pudiera siquiera abrigar la sospecha de que había sido él quien la vio durante el baño.
Cuando traspuso el portón, Anada pasaba justamente por el patio. "



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