El último amigo (fragmento)Tahar Ben Jelloun

El último amigo (fragmento)

"La virginidad de las chicas era nuestra obsesión. Muy pocas eran las que se querían acostar; las reconocíamos porque tenían novio y estaban en el último año, en sexto de bachiller. Venían al liceo maquilladas y perfumadas. Las observábamos de lejos, diciendo de ellas que habían perdido el tren. Era la contraseña, aunque de todos modos sabíamos que eran inaccesibles por ser francesas y mayores que nosotros. Había una tal Germaine a la que habíamos puesto el mote de La que volvió a perder el tren, que significaba que la había plantado el novio y se entregaba a otros chicos por despecho o por vicio. Tenía los ojos enrojecidos de tanto llorar. Yo estaba convencido de que era de tanto follar.
Alí aparentaba no interesarse por las chicas. Yo sabía que era tímido y que practicaba lo que en árabe se denomina el hábito clandestino. Un día, estando solos en mi casa, les propuse que hiciéramos un concurso de masturbación. Consistía en imaginarse a alguna de las chicas más guapas del liceo, pronunciar su nombre y ponerse en acción. Sam gritó Joséphine, la que había ganado el concurso de Miss Lycée. Yo invoqué a Warda, una morenita con ojos de fuego. Alí, silencioso, se quedó muy concentrado. ¿Y tú? ¿Quién es tu elegida? ¿En brazos de quién estás? Con voz suave dijo: Ava Gardner… Nos quedamos estupefactos. Se había puesto el listón altísimo, aunque el concurso fuera virtual; ni las chicas ni la historia de amor existían. Nos dábamos la espalda, y con la mano derecha apretábamos nuestro miembro. El juego consistía en corrernos al mismo tiempo. Sam chillaba, insultando a su presa. Yo gemía y Alí gritaba: «¡Sí, Ava, sí, Ava!».
Era un juego deprimente. Regresábamos a casa con mala cara. Necesitábamos tener relaciones con chicas. Sam nos propuso los servicios de las prostitutas que frecuentaban su discoteca. ¿Cuánto había que pagar? Alí estaba igual de pelado de dinero que yo. Ni un céntimo, es gratis, nos dijo Sam; es un servicio que ellas me ofrecen voluntariamente, pero tiene que ser a pleno día cuando el club está cerrado. Fijamos el día y la hora. Al llegar a la discoteca, vimos a tres mujeres, ni jóvenes ni viejas, ni feas ni guapas, sin maquillar, probablemente desnudas bajo sus chilabas descoloridas. Nos esperaban como quien espera el autobús o al inspector de sanidad. Se notaba que no tenían ningunas ganas de acostarse con unos chavales de quince años, pero que estaban dispuestas a moverse un poco para devolverle el favor a Sam. Alí dio un paso atrás. Yo os espero fuera. Sam había sacado su miembro para una mamada. Yo cerré los ojos y me abalancé sobre las otras dos, rebuscando debajo de sus chilabas. Tuve una eyaculación precoz y breve. No me sentía bien. Sam había encomendado su miembro a una boca pastosa. Salí afuera adonde me estaba esperando Alí, leyendo un libro de Anatole France. "



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