La casa de las citas (fragmento)Alain Robbe-Grillet

La casa de las citas (fragmento)

"Detrás de los troncos gigantes de las higueras, una joven de traje muy ceñido anda con paso rápido y tranquilo junto a las tiendas elegantes con los escaparates a oscuras; un gran perro negro la precede, exactamente como a la de antes, que, sin embargo, no se dirigía hacia esta parte y difícilmente podía haber recorrido entretanto todo este trayecto. Pero Sir Ralph tiene preocupaciones más urgentes que le impiden interesarse por este problema, Si el espía del teniente se ha apeado realmente del coche en el hotel Victoria, aunque con un poco de retraso (buscaba dinero o esperaba que Johnson le dejara el campo libre), este taxi puede muy bien ser un verdadero taxi. ¿Qué motivo tenía entonces el taxista para apostarse en la parte trasera del hotel, como para controlar todas sus salidas? A todo esto, el vehículo ha llegado a la dirección indicada. El taxista ha abierto el cristal de separación para decirle al cliente el precio de la carrera; aprovecha la ocasión para coger la manivela de la ventanilla que este último ha conservado por distracción en la mano, y, con la destreza que confiere la costumbre, la coloca de nuevo en su eje, pronta a jugarle la misma pasada a un nuevo pasajero. Tras lo cual, exclama en cantonés: «¡Material americano!», y suelta una ruidosa carcajada. Johnson, mientras le tiende un billete de diez dólares (dólares de Hong Kong, naturalmente), aprovecha esta broma para iniciar una conversación, con objeto de aclarar en lo posible el misterio del primer espía. "


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