Peregrinación de Alpha (fragmento)Manuel Ancízar

Peregrinación de Alpha (fragmento)

"Del otro lado del río se encuentran por largo trecho del camino que llaman viejo, grandes barrancas de esquistos carburados, minados por filtraciones salitrosas, y en varias partes atravesadas por vetas de hulla que inútilmente ofrecen su riqueza. Más adelante comienzan a levantarse los cerros con mesetas bien cultivadas y cumbres montañosas, flanqueados de estratos calizos tan discordantes, que a veces se repliegan sobre sí mismos, formando grandes óvalos, resultado de hundimientos parciales verdaderamente raros. En mitad de los cerros, que siguen levantándose por explanadas cortas y sucesivas hasta el páramo del Escobal, se halla Boavita, con su caserío pajizo y reducido, y media legua adelante Uvita, entrambas cabeza de distrito, fundadas como en competencia, y según se nos dijo, por cercenar a un cura codicioso la mitad de la extensa parroquia de que disfrutaba, quien tenía puesta la mira preferentemente en los bienes terrenales. Acertamos a llegar a Uvita en día de mercado. La plaza estaba casi llena de bueyes enjalmados y cargados, y muchedumbre de campesinos ofreciendo en pintoresca confusión variedad de frutos y artefactos en venta. Por excepción se notaba el rostro cobrizo de algún indio entre la multitud de gentes blancas que formaban casi el total de los vecinos, haciéndose notables las mujeres por el carmín de sus mejillas y la pequeñez del pie, calzado con la alpargata sujetada por una trenza de colores. Para el que se transporta con el pensamiento al porvenir de este país "lastrado de oro", como dice Oviedo, es un espectáculo interesante el que presentan las reuniones numerosas de los mercados, donde se ve la población compuesta de agricultores blancos y robustos, ostentando los firmes colores de la salud y la alegría bulliciosa del bienestar, todos bien vestidos y abrigados, todos teniendo de qué vivir con independencia, y algunos manifestando en el aseo del traje y gravedad de la persona que son hombres de caudal, ennoblecidos por el trabajo y la economía. La fecunda tierra, cuyos límites se extienden más allá de lo que puede ambicionar un pueblo naciente, les afianza los medios de holgada existencia y les aleja del alma la pasión de la envidia, hija de la miseria sin esperanza; las familias se multiplican sin temor de que les falte el pan cotidiano; los motivos para delinquir contra las personas y la propiedad no se conocen, si no es en las ruidosas querellas que nacen del amor y los celos, compañeros inevitables del corazón humano. Un pueblo que así comienza y que habrá de crecer bajo el amparo de la vivificante democracia, sin trabas para la industria, sin opresión para el espíritu, camina necesariamente a la grandeza. "


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