Tomochic (fragmento)Heriberto Frías

Tomochic (fragmento)

"Julia se incorporó prontamente. Y tiritando un poco por el frío duro de la madrugada, se puso las enaguas y el saco, y empezó a ayudar a empacar la ropa, mientras el viejo iba al corral a sacar las bestias y a amarrar las gallinas y gallos, que empezaron a alborotarse.
Mariana, como siempre taciturna, mecánicamente hacía los trabajos más recios, yendo y viniendo con una vela en la mano, o acarreando con costales y cajones.
Después, cuando estuvo ya todo listo, los dos asnos cargados de ropa, ollas, algunos envoltorios de café torrificado, unas botellas de sotol, las gallinas sujetas de las patas y algunos cachivaches más, Bernardo mandó hacer fuego, quemando una tabla vieja, y los tres tomaron café hirviendo, con unos tragos de aquel aguardiente.
A las cuatro de la mañana emprendieron la marcha, él en una mula y las dos mujeres en fuertes asnos. Durante el camino, Julia, sumamente excitada, no pronunció ni una sola palabra, sometida como siempre a su destino de víctima, resignada y absorta.
Bernardo, que conocía perfectamente todos los caminos de la Sierra, atravesó con audacia los montes, burlando la vigilancia militar, tomando por atajos apenas transitables, bordeando los precipicios, silencioso en su mula, empinando cada cuarto de hora la botella de sotol, sin volver el rostro hacia las dos mujeres que le seguían sentadas en los jumentos que, los cascos herrados, hollaban con firmeza las gigantes asperezas de aquellos cerros que se suceden unos a otros con la misma fiera majestad.
La infeliz muchacha, envuelta en un grueso poncho americano a causa del viento glacial de la sierra, sentada hábilmente en su cabalgadura, abiertos y sin fijeza sus grandes ojos negros, suspiraba de vez en cuando, brotando de sus ojos gruesas lágrimas que no enjugaba.
¡Ah! aquella criatura de precoz inteligencia, natural vivacidad y sensibilidad exquisita, no debía haber nacido en aquel ambiente de locura hostil en que se agitaba un pueblo semisalvaje del que no tenía sino el supremo heroísmo y el raro valor de saber soportar dignamente la adversidad, el triste heroísmo de saber morir. "



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