El socio (fragmento)Jenaro Prieto

El socio (fragmento)

"La lámpara chinesca, los cojines, el narguilé, bailaron una danza cubista. Todo el trabajo de arreglo del diván desapareció en pocos instantes y Julián no vio ya sino los ojos entornados de Anita, sus labios entreabiertos y las alas de su nariz que palpitaban con un latir de corazón.
Horas después, al salir, con el cuello del sobretodo hasta la boca y las manos en los bolsillos, Pardo no pudo dejar de detenerse ante la ventana de visillos verdes en los cuales se destacaban algunos figurines y un cuadro de papel.
La indecisa claridad de la calle, permitía aún adivinar los angulosos caracteres del aviso: «Madame Duprés. Modes».
Permaneció algunos segundos como clavado en la acera.
Esa sencilla hoja de papel le evocaba una severa e imponente plancha de bronce «Davis y Cía. Corredores». Esa Madame Duprés que no existía ¿no sería acaso la mujer de Davis?
Apretó el paso y se perdió en las sombras. Habría jurado que la puerta de la garçonnière se había abierto y que alguien lo llamaba desde lejos:
-¡Phs! ¡Phs! Míster Pardo ¿con qué derecho sale Ud. de la casa de mi amiga?
Que alegre era la nueva casa. Un «cottage" del más puro estilo inglés, con sus ventanas azules que se abrían con el ingenuo asombro de unos ojos de miss, bajo las revueltas crenchas de las enredaderas.
-¡Hija de Davis al fin! -pensó Julián. Ha heredado los ojos de su padre.
El recuerdo del socio, sin abandonarlo un instante, no le molestaba ya como antes. Se había familiarizado poco a poco con «ese hombre» a quien debía su prestigio comercial, su bienestar y sobre todo esa casita, tan distinta de la sombría y triste que antes ocupara. "



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