El tren blindado 14-69 (fragmento)Vsevolod Ivanov

El tren blindado 14-69 (fragmento)

"Los sublevados volvieron a retroceder.
Al amanecer llegó Peklevanov.
Los soldados, empapados de sudor, haciendo un ruido retumbante con los bidones, enfriaban las ametralladoras. Los movimientos de sus manos arañadas eran apresurados, tímidos y como púdicos.
El tren temblaba con temblor movedizo, y todo él abrasaba como un enfermo de tifus en delirio.
Tinieblas purpúreo-oscuras, como coágulos temblorosos, llenaban la cabeza del capitán Necelasov. Un cálido, escalofriante temblor, bajaba en apurado triángulo desde las sienes, y se asentaba en el corazón, obligando a encorvar el cuerpo.
—¡Canallas! —gritaba el capitán.
Tenía en las manos una carabina de caballería, que había ido a parar allí no se sabe cómo, y su cierre era extraordinariamente tibio y blando. Necelasov, tropezando con la culata contra las puertas, corría por los vagones.
—¡Canallas! —gritaba con voz chillona—. ¡Canallas!...
Era desagradable, pero no podía encontrar una palabra que se pareciera a una orden, y las injurias le parecía ser lo más a propósito y lo más fácil de recordar.
Los campesinos intentaban asaltar el tren.
Mirando por las cañoneras, se veía cómo entre los arbustos, parecidos a enmarañada lana amarilla, corrían espaldas encorvadas, y a su lado asomaban los fusiles como tablitas de madera.
Más allá del matorral aparecían los bosques, y siempre, de un modo inesperado, las gruesas y verdeoscuras sopki, semejantes a pechos. Pero más temibles que las enormes sopki eran aquellas espaldas, semejantes a pedazos de corteza, que corrían apresuradamente entre el matorral.
Los soldados sentían este miedo, y para acallar el incomprensible y ronco bramido que venía de los arbustos, lo ensordecían con las ametralladoras.
La ametralladora, sin cansarse, sin que nada ni nadie pudiera compararse con ella, disparaba contra los arbustos.
El capitán Necelasov pasó varias veces por delante de su departamento. Le daba miedo entrar allí. Desde la puerta se veía el retrato, en litografía, de Kolchak, el mapa del teatro de operaciones de la guerra europea y el idolillo de hierro fundido, que servía de cenicero. El capitán se daba cuenta de que, una vez en su departamento, se echaría a llorar y no saldría, escondiéndose en algún rincón, como aquel cachorro que chillaba no se sabía dónde. "



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