Nosotros, los Rivero (fragmento)Dolores Medio

Nosotros, los Rivero (fragmento)

"Lena, con las mejillas encendidas por la emoción, se despidió de su amigo. Sentía deseos de abrazarle. Pero su madre decía que a los hombres sólo debía tendérseles la mano, sin permitirles otras efusiones. Y Lena se portó en aquella ocasión como una señorita.
Sólo, naturalmente, mientras estuvo en presencia del señor Areval. Porque al salir del despacho y enfrentarse con el recto y empinado pasamanos no pudo resistir a la tentación de deslizarse por él, como cordial despedida. Sí. El pasamanos la tentaba y aquella tentación era más fuerte que cualquier consideración que pudiera hacerse. Dio un salto, se encaramó sobre él, y a los cuatro segundos aterrizaba sobre un saco de cebada. Al levantarse, vio en lo alto de la escalera al señor Areval, que la despedía con la mano. Areval reía como un chiquillo...
Azorada, tropezando con las carretillas, salió a la calle y emprendió una veloz carrera a lo largo de la muralla, hasta que dobló la esquina de San Vicente. Entonces, todavía encendido el rostro, jadeante, cansada, fue a sentarse sobre las escaleras del convento de San Pelayo y estuvo largo rato sin moverse acariciando entre sus dedos doloridos el sobre blanco que contenía seis billetes de cincuenta pesetas, una moneda de plata... ¡y el recibo de una cuenta liquidada! "



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