Retratos de ambigú (fragmento)Juan Pedro Aparicio

Retratos de ambigú (fragmento)

"Parecía el eterno adolescente sin pandilla, aquel que es rechazado por ser muy mayor entre los de su estatura, o, por muy infantil entre los de su edad. Laura veía en él una amenaza, una amenaza antigua y morbosa, que más nacía de esa inestabilidad que de sus palabras. Era una amenaza doméstica, sin embargo, muy pequeña y familiar, pero muy insidiosa, era la amenaza del pájaro escondido y suelto por la habitación, sin garras, sin dientes, sin apenas pico, quizás sin la voluntad de hacer daño, pero muy capaz, acaso por impulsos de su propio miedo, de chocar contra su cara y dejarla marcada para siempre.
[...]
Laura miraba hacia la sala general, más allá todavía, hacia el ancho pasillo donde a un lado hablaba por teléfono María Dalia, al otro, Chicho. No era muy capaz de entender la situación pero estaba seguro de que si alguien podía resolverla era María Dalia.

[...]
EL cielo se cerraba sobre el cantil como un mar invertido; y por allí, por su mismo borde, como quien pisa las espumas de la última ola, en visión extrañísima, por el mucho riesgo de caminar así, sobresalía la figura de lo que parecía ser un clérigo con sotana, doblado hacia adelante como consecuencia del esforzado avance, con la soga a sus espaldas, la mano derecha con que la cogía cerrada sobre el hombro opuesto, de la que sujetaba por el hocico al toro; hombre y toro, negros los dos, el uno la piel, la vestimenta el otro, satinados y brillantes, eran una sola unidad vital, un solo ser que se movía sobre el abismo como algo irreal, con movimientos y corporeidad de sueño, quizá de pesadilla. "



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