El brezal de Brand (fragmento)Arno Schmidt

El brezal de Brand (fragmento)

"Y para entonces ya había empezado a hervir el agua del té; ellas colocaron los saquitos en los vasos con las asas plateadas (a mí me tocó mi tazón de loza; ¿no representa Mahoma así los delicias del paraíso?), y tampoco escatimamos azúcar de caña. "Ésta sí que ha sido buena" dijo la propia Grete. Lavar, retorcer; lavar, retorcer: trabajábamos como los diesel. Y ellas estaban entusiasmadas de lo rápido que iba todo (¡retorcer ropa no es tarea de mujeres, digan lo que digan!). Y ahora, al tajo: creo que son ciento cuarenta prendas. Antropff santo: ¡cómo me dolía la espalda! ("Pasa de la medianoche: la cruz empieza a doblarse", solían decir los gauchos de Humboldt: debían de ser por tanto las 12. Tembladores me vinieron al pensamiento, con todas sus historias y refutaciones, y la voyage équinoxiale al completo detrás en procesión, de tal manera que, indignado, me puse a pensar en otra cosa: ¡¡una memoria que vierte hierro colado es un castigo!!) El fuerte y negro aire matinal en el que titilaba una puntúa de luna. Haciéndose estaño se acercaba el día por encima del campo de deportes: tenaz; también los Bauer se agitaban. "El Schorch es un mono de cuidado" dijo Lore desdeñosa. Con tal expresividad que incluso habría convencido a uno del grupo mon-jemer. Entonces el día se tornó rosa: pero enseguida un rosa vulgar como en un internado de niñas hacia 1900; como si no hubiera sucedido nada; descaradamente. Y siguiendo el plan de lavado yo llevé la siguiente tina detrás de la casa, donde Grete, aterida de frío, se ajetreaba en un blanco revoloteo. "¡No hay pinzas suficientes!" graznó a través de los festones de prendas íntimas: hasta mis pingajos estaban limpios. 7:3O horas: ¡Se acabó! "¡Nunca lo habíamos conseguido tan pronto!" reconocieron. Y me miraron llenas de orgullo. "Ahora nos echaremos a dormir hasta mediodía si Grete se tiene que ir." También yo me sentía como piedra y madera; nos separamos bostezando (¡pero la comida había estado bien!: en efecto, no teníamos nada de hambre; God bless her.) Entré: floreros doncelliles estaban tiesos sobre las consolas, esmalte y líneas azules de la juventud; copas en los armarios; cofrecillos metálicos; san Pedro con la llave, Terminus con rizos de anciano (de acuerdo con Stägemann). En el cuarto siguiente cuadros: mujeres bebiendo; paisaje en Odenwald; ahí estaba Muscovius en hábito de predicador, con el mirlo sobre la mano sonriente: marcos marrón oscuro: eso estaba bien. Un cofre viejo: 1702... Eisleben... Henry Cha.... (¡Difícil de leer!) Seguí recorriendo despacio el museo: sobre las mesas acristaladas numerosas marcas de sellos cilíndricos de Babilonia; de joven yo las miraba con ansiedad durante horas: grifos con pelucas estaban en medio de los hombres como si estuvieran entre los suyos, árboles estilizados con hojas sencillas se enroscaban sobre los unicornios: las barbas pobladas también estaban de moda entonces. Detrás de mí, en la pared, se apoyaban dos armarios con momias: uno todavía cerrado; la otra cara gruesa y parda me contemplaba con aire de superioridad, gotinguiana, egipcia. "


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