El archipiélago del insomnio (fragmento)António Lobo Antunes

El archipiélago del insomnio (fragmento)

"Tal vez lo más diferente aquí sea el silencio porque casi no hay sonidos ahí dentro, de vez en cuando pasos en el corredor que a pesar de distantes nunca se acercan, se alejan, lo que me lleva a pensar en un corredor interminable y continuo oyéndolos mucho después de desvanecerse, minúsculos y precisos, órdenes cuyas palabras parecen censurar a alguien acompañadas de un correr de cerrojos que tardan en encajarse y después nada salvo los plátanos que no forman parte del silencio, solo lo subrayan, una baya que cae o una pausa de hojas mientras en la hacienda mi abuelo aplastando el insomnio con las botas hacia acá y hacia allá sin mencionar el reloj que por la noche ocupa toda la casa indignándose con nosotros, carga el tiempo a sacudidas.
—¿Qué están esperando para avanzar conmigo? Como si a una persona con dos dedos de frente le apeteciera avanzar hacia la muerte dado que las horas no nos transportan a ningún otro sitio y en la ventana las farolas del pueblo parece que no pero también cuentan, y las botas mirándonos un momento antes de reanudar su destino en el suelo, adivinaba a mi madre sentada en la cama.
—Qué vida y el alboroto del mulo dando vueltas en la cerca, creo que las olas se inmovilizan en Trafaria, no existe Lisboa en la otra margen del agua y en consecuencia nosotros no existimos salvo mi madre.
—Qué vida pensando en la falta de dinero en la panera y en el ayudante del administrador que la esperaba junto a la pila del lavadero con la puerta del granero abierta, los tucanes de la laguna ni pío, tal vez se marcharon rumbo a la frontera, en qué trabajaría mi abuelo antes de jugar a las cartas en la choza, en un taller, en un cuartel, en un garaje y he ahí el viento en el pomar amedrentando a las gallinas que se empequeñecen de suspiros, no trabajaba en nada, iba creciendo la hacienda y poco después la taza en el plato en las pausas entre un conejo y otro, por qué razón no me alzó de la cuna y me dio un golpe en la nuca, abuela, extendiéndome en el regazo con una caricia larga, lo que ahorrarían en bajadas de bandera se ha fijado y usted sin salir del taxi ni saber quién era yo, si la llamaba una pregunta tentativa. "



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