La tumba (fragmento)José Agustín

La tumba (fragmento)

"Estaba concentrado en el poema escrito cuatro meses antes: lo encontré al hurgar en unos papeles guardados hacía tiempo en un portafolios. Recordaba perfectamente mi estado de ánimo al escribir ese No soy nada y soy eterno. La sucesión de ideas, la muerte de Laura, el final con Germaine, etcétera. Incluso, recordaba demasiado bien la mirada de aquel mendigo al pedirme la limosna. De todo eso distaban cuatro meses. Para entonces ya estudiaba preparatoria (en la misma escuela), bachillerato único, listo para terminar ese par de años e ir directo a Filosofía y Letras. En una semana cumpliría diecisiete años.
Jacques había terminado de leer su ensayo y todos los del círculo literario modernistas se miraban, sin saber cómo empezar la crítica. Dejé el poema, decidiendo atender a la reunión.
Tulio, el pederasta, empezó. Luego, David: mi hermano de saliva. Vicky y Rosaura no opinaron. El señor Muñiz, presidente, repitió la opinión de los demás y la señora Ruth dio puntos vagos. Confesé no haber escuchado, lo que me trajo la consiguiente mirada desdeñosa de Jacques.
Junto a Rosaura y Vicky estaba una amiga de ellas, fumando cigarro tras cigarro. Sus ojos grandes y hermosos parecían distraídos. Era muy bonita y me sorprendí admirándola: desde Germaine no me había fijado en ninguna muchacha. Esbelta, alta —casi de mi estatura—, piel acariciable. Y los ojos grises, gélidos. Nada sabía de ella, salvo que era amiga de Vicky y que estaba frente a mí.
Distraídamente, sacó un centésimo cigarro, mirando al vacío, y de repente, se volvió hacia mí con una sonrisa. "



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