La isla del doctor Moreau (fragmento)H. G. Wells

La isla del doctor Moreau (fragmento)

""Me atormentaban los recuer­dos de la Ley, de los dos marinos muertos, de las embos­cadas en la oscuridad, de aquel cuerpo en el cañaveral... Por extraño que parezca, mi regreso a la civilización, en lugar de proporcionarme la confianza y la tranquilidad que yo esperaba, acrecentó la inseguridad y el temor que había experimentado durante mi estancia en la isla. Re­sultaba casi tan insólito para los hombres como lo había sido para los Monstruos. Tal vez se me había pegado algo de la ferocidad de mis compañeros.
Dicen que el terror es una enfermedad; sea como fuere, puedo dar fe de que, desde hace ya varios años, se ha apoderado de mí el desasosiego; un desasosiego compa­rable al de un cachorro de león a medio domesticar. Mi trastorno adquirió una forma muy extraña. No lograba quitarme de la cabeza la idea de que los hombres y muje­res que conocía eran otros monstruos pasablemente hu­manos, animales con forma de persona, y que en cual­quier momento podían comenzar a transformarse, a mostrar este o aquel síntoma de su naturaleza bestial. Pero he confiado mi caso a un hombre extraordinaria­mente capaz, un hombre que había conocido a Moreau y parecía dar cierto crédito a mi historia, un psiquiatra que me ha ayudado mucho.
Aunque supongo que el terror de la isla no me abandonará nunca, a veces se oculta en lo más recóndito de mi mente: una nube lejana, un recuerdo, una leve descon­fianza; pero hay momentos en que la nubecilla se extien­de y oscurece el cielo por completo. Entonces miro a la gente que me rodea y el miedo se apodera de mí. Veo unos rostros resplandecientes y animados, otros som­bríos o peligrosos, otros inseguros, insinceros; ninguno que tenga la reposada autoridad de un alma sensata. Sien­to que el animal se está apoderando de ellos, que en cual­quier momento la degradación de los isleños va a repro­ducirse a gran escala. Sé que todo es una ilusión, que esos hombres y mujeres son seres perfectamente normales, llenos de sentimientos humanos y de ternura, libres del instinto, en lugar de esclavos de una fantástica Ley: seres diametralmente opuestos a los Monstruos. Sin embargo, me asusta su presencia, sus miradas curiosas, sus pregun­tas y su insistencia, y ansío estar a solas, lejos de ellos. "



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